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Febrero 18, 2020

Restauración del retablo mayor de la iglesia de VADOCONDES (V)

Escrito en: Cultura

Antes el brillo de bombillas incandescentes dificultaba la contemplación del retablo

Antes el brillo de bombillas incandescentes dificultaba la contemplación del retablo

Pedro Félix García. No sólo está siendo restaurado el retablo del altar mayor de la iglesia parroquial de Vadocondes, sino también parte de sus aledaños más próximos, como ha sido el caso de una lámpara votiva del siglo XIX, objeto del que vamos a ocuparnos hoy.

Ahora han sido instaladas bombillas especiales que simulan una llama y no deslumbran

Ahora han sido instaladas bombillas especiales que simulan una llama y no deslumbran

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Colgada del techo de la nave central, muy cerca del altar mayor y situada frente al mismo, pende una lámpara de plata provista de siete candiles -hoy convertidos en portabombillas; seis de ellos repartidos simétricamente a lo largo de su perímetro circular y el séptimo justo en el mismo centro de la lámpara, bastante más elevado que el resto.

Formando parte de esta lámpara votiva tres primorosas cadenas de plata unen el cuerpo principal de la misma con la soga de la que pende del techo de la iglesia. Antes y hasta casi finalizando el siglo XX, esa soga estaba ligada a una polea, que permitía subir y bajar la lámpara para encender o apagar sus recipientes de aceite. Hoy la polea ha sido eliminada y la lámpara se mantiene situada a una altura fija.

Como decimos, a punto ya de finalizar el pasado siglo XX, lo que en su día fueron portacandiles, fueron transformados en portabombillas y así continúan hoy. El artífice de dicha electrificación fue Carlos Arranz, precisamente el arandino casado con una vadocondina, que el 6 de junio de 1997 encontró en este mismo templo la imagen escondida de la Virgen Manca, de la que nadie hasta ese momento sabía de su existencia.

En vez de candiles, se colocaron en esta lámpara bombillas incandescentes normales y, más que como lámpara votiva, se utilizó a partir de entonces muchas veces más como lámpara para iluminar el templo.

Texto primorosamente grabado en un costado de la lámpara

Texto primorosamente grabado en un costado de la lámpara

Y ocurría que el brillo de las bombillas incandescentes dificultaba a los fieles y visitantes la contemplación cómoda del retablo principal y especialmente la de la imagen de la Inmaculada que lo preside, por lo que hace ahora poco más de año y medio, Jean Pierre Gaillard, a la sazón párroco de esta iglesia, ordenó reemplazar tales bombillas comunes por otras especiales (también eléctricas) que emiten una suave luz anaranjada, mucho más discreta y tenue, simulando una llama temblorosa que ya no molesta a quien la mira. Con este cambio, la contemplación del retablo y de la imagen de la Inmaculada ahora no se ve dificultada por nada que lo obstaculice y la lámpara, antes de iluminación, ha vuelto a ser lámpara votiva, cumpliendo de nuevo la misión para la que fue colocada desde el principio en ese lugar.

En el reportaje fotográfico que aquí publicamos puede apreciarse el antes y el después del cambio de bombillas; resulta evidente el efecto deslumbrante sobre el espectador que causaban las antiguas bombillas incandescentes comunes, cuyo destello se interponía entre el observador y el retablo. En otra de las fotografías, vemos más de cerca la lámpara en cuestión, con las actuales bombillas especiales que simulan el flamear de una llama y cuya luz no molesta en absoluto. Esta última fotografía está tomada desde el propio andamio que provisionalmente se colocó estos días pasados para poder restaurar esta preciosa lámpara votiva haciéndola recuperar su viejo esplendor natural; que ha sido cuidadosamente limpiada de la mucha suciedad que había ido acumulándose en ella a lo largo del tiempo.

Las lámparas votivas, también llamadas lámparas del Santísimo, tienen la misión de arder o iluminar a perpetuidad en honor del Santísimo Sacramento. A veces también son signo de agradecimiento o de cumplimiento de una promesa y en todo caso tratan de mantener viva la devoción de los fieles ante el altar. A diferencia de las pequeñas lamparitas situadas junto a los sagrarios, cuya luz indica que dentro de él están las Sagradas Formas consagradas, en algunas iglesias las lámparas votivas colgantes son encendidas únicamente durante las fiestas litúrgicas de mayor importancia.

La reciente eliminación de la gran cantidad de suciedad acumulada que ennegrecía la lámpara votiva de Vadocondes, nos ha permitido descubrir un entrañable mensaje que nos llega procedente del siglo XIX, grabado con mucho arte por un alfarero en el cuerpo de la lámpara. Aunque otra de las fotografías nos muestra un primer plano de dicho mensaje, la propia forma convexa de la superficie de la lámpara, imposibilita que resulte legible en la foto, por lo que, a continuación, transcribimos literalmente lo que ahí se nos dice:

Esta Lámpara es propiedad de
Dª Franca Castilla Martin, natural y vecina
que fué de la Villa de Vadocondes, la mandó á esta
Iglesia en su testamento de 25 de Agosto de
1863, para que luciese en ella al Señor; y si
alguno lo impidiese, la manda sea nula; la
Lámpara se venda, y su importe se invierta
en sufragios por su alma, y obligaciones.
Era á la sazón Párroco
Dº Pedro Perez Ulloa.

El anterior texto aparece inscrito dentro del elaborado contorno -que conforman una serie de cuidadas filigranas- dibujado asemejando una especie de bonito pergamino, en cuyo borde inferior -casi filacteria-encontramos escrito en letras muchísimo más pequeñas y todas ellas mayúsculas, lo siguiente:

LA COMPRO POR ENCARGO DE LOS
TESTAMENTARIOS  DN E G MENDOZA

Que la lámpara siga ahí colgada y se haya conservado hasta nuestros días, indica que nadie se quejó de su colocación y, por tanto, no hubo que venderla para dedicar ese importe en sufragio del alma de la señora donante.

Primer plano del mensaje grabado (Click en foto para ampliar)

Primer plano del mensaje grabado (Click en foto para ampliar)

Como se ve, hace poco más de siglo y medio, ya se hablaba y escribía el castellano prácticamente igual que lo hacemos hoy en día, con la única particularidad de que, por aquel entonces, era lo correcto colocar siempre una tilde sobre la preposición a (á), costumbre ortográfica que todavía se mantuvo hasta el primer tercio del siglo XX. Así, no debe extrañar que, en el texto grabado en la lámpara votiva de Vadocondes, la preposición á aparezca por dos veces coronada por su correspondiente tilde, lo que viene a indicarnos que quien grabó esta lámpara, no sólo era un magnífico y esmerado orfebre, sino también una persona instruida. También era frecuente entonces tender a procurar ahorrar letras siempre que se podía, como es el caso de escribir Franca en vez de Francisca.

Doña Francisca Castilla Martín fue hija de Francisco Castilla Martínez y de Paula Martín. Nació en 1794 y tuvo siete hermanos; cuatro chicos y tres chicas. Se casó con Bonifacio Miguel y murió a los 69 años de edad sin haber tenido hijos. Mira por donde, hoy ha merecido ser aquí mencionada, en este año 2020 de Nuestro Señor, con motivo de haber sido restaurada la lámpara votiva que dicha señora dispuso en sus últimas voluntades que fuese donada a la iglesia parroquial de Vadocondes. (D.e.p.)

Otro día más adelante seguiremos comentándoles más cosas que han ido saliendo a la luz con motivo de la restauración del retablo del altar mayor de Vadocondes.



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