Por Johari Gautier Carmona | 31 Agosto, 2010 a las 8:10 - Escrito en Cultura

Johari Gautier Carmona. Un año sin una película de Woody Allen no es un año como las demás. El ritmo productivo del director americano nos permite disfrutar este verano de otra comedia entretenida en el que la grandeza de los sueños se combina con las más inconfesables manías de una humanidad incomprensible y el estruendo del fracaso omnipresente.

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Conocerás al hombre de tus sueños” es otro cuadro más de ese mundo caótico y absurdo que Woody gusta retratar en sus obras. Además, los papeles más estrafalarios y divertidos son interpretados este año por actores tan conocidos como Antonio Banderas, Anthony Hopkins o Naomi Watts.

“Un cuento de ruido y furia que no representa nada”. Así describe Woody Allen, inspirándose de una cita de William Shakespear, las vidas de unos personajes maniáticos y frustrados, que se entrelazan, se entrechocan y, a veces, parecen coger la misma dirección hasta que el vacío de la Humanidad vuelve a separarlos. No parece servir de nada dar un sentido a este hervidero de sensaciones y preocupaciones, necesidades y afectos, inspirados por la simple naturaleza, el instinto o el capricho.

La nueva comedia de Woody Allen vuelve a las raíces de un cine entretenido e imprevisible regido por el fracaso de unos personajes testarudos, obcecados por unos asuntos sin sentido. Nada es perfecto ni tampoco demasiado trágico. El tono socarrón de Woody hace que un idilio amoroso pueda pasar de repente a ser una cárcel de la cual es difícil retirarse. ¿Y por qué darle tanta importancia a cuestiones sin relevancia? ¿Por qué empeñarse tanto en seguir una dirección equivocada? Estas son las preguntas que subleva el director americano con su inevitable sarcasmo. Parece deleitarse con los delirios y atavismos de unos seres destinados a la soledad.

Entre las historias narradas de un modo rocambolesco, con la presteza de quien quiere subrayar el esperpento, encontramos a un hombre relativamente viejo que, tras dejar a su mujer para saborear los placeres de la carne fresca, se empeña en rejuvenecer encadenando las largas sesiones de gimnasio y las carreras frenéticas por la ciudad de Londres. No obstante, rápidamente se percata de lo ilusorio de su situación. Nada es lo que él pensaba que iba a ser y la soledad le obliga a cuestionarse nuevamente. “La verdad no es la belleza”, comenta uno de los personajes dejando claro que la realidad no es un cuento de hadas. La vida común y corriente que Woody Allen trata de mostrar bajo una luz entretenida se alimenta de los desencuentros, los sin sabores y sueños incomprendidos. Nadie entiende a nadie en un mundo en el que, por naturaleza, todo es ruido y confusión.

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