Por Redacción | 2 Septiembre, 2012 a las 16:44 - Escrito en Gente nuestra

Javier Marqués. La pasada madrugada se cumplió un mes del fallecimiento de Antonio Reis Navares, Arenasil en lo literario…. y “Antonio” para todos los que tuvimos la inmensa fortuna de conocerle.

D.Antonio Reis

D.Antonio Reis

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Por algún extraño y muy desatinado motivo, supuse que escribir éstas líneas un mes después del fallecimiento de Antonio me resultaría más sencillo que hacerlo sumido en la inmediatez y con la respiración aún contenida. Ahora entiendo que despedir a un buen amigo, a una persona tan querida, es una empresa que dura toda una vida y que, en ningún paso ni trecho…. resulta ni ha de resultar necesariamente sencillo.

Y es que Antonio era enorme, ¡inmenso!… en lo artístico, lo literario y, desde luego, en el plano personal y humano.

Cuando conocí a Antonio me sorprendió ése gesto serio y elegante subrayado por su característica barba cana que, en aquellos estertores de mi adolescencia, imponía un respeto mayúsculo. El tiempo me enseñó que tras ésa primera imagen y apariencia… se escondía una persona tremendamente divertida, cercana, cariñosa y entregada, totalmente entregada a su gente.

A él le debo el último abrazo paternal que he recibido y recibiré en mi vida, muchos y valiosos consejos, un apoyo incondicional en cuantos proyectos he iniciado y, también lo confieso, hasta algún que otro – ¡merecidísimo!  – tirón de orejas allá por los tiempos mozos.

Ésa innegable  capacidad para llegar a todo y a todos en lo personal, también es extrapolable a su faceta literaria y artística. Antonio era capaz de trasmitir toda su ternura (”A mil kilómetros, Poemas de un soldado enamorado”) y de ésa misma pluma extraer versos tan rotundos y solemnes como su monumental “Vía Crucis” (auténtica obra maestra de nuestra  literatura). Y no, no es que Antonio Reis, Antonio, fuera un “hombre de contrastes”… más bien ha sido y fué una persona con un talento innato que le permitía recorrer todos y cada uno de los registros humanos, personales, literarios y artísticos con una soltura y una genialidad desbordantes. Algo que – sin duda - está en manos de muy, muy, muy pocos.

Entienda por lo tanto el lector el luto en el que ha sumido al mundo de las Artes, de las Letras, el Periodismo en general y éste medio en particular. Y es que Antonio no era sólo un colaborador absolutamente crucial; es y sigue siendo una de las joyas de nuestra modesta “corona” cuyos textos, escritos y aportaciones guardaremos siempre con celo, respeto y orgullo… poniéndolas también a disposición de nuestros lectores para que, jamás dejemos de disfrutar de sus obras, de su talento y de todo ése impagable trabajo que, junto a su esposa Olga, se ha hecho en pos de la Cultura de nuestra Tierra.

Me hubiera gustado finalizar éste pequeño y muy personal homenaje, con determinado poema (¡uf!) en el que Antonio, haciendo gala una vez más de su elegancia y entereza, nos dijo que las cosas iban a ponerse mal. Sinceramente…. y pese a contar con la aprobación de Olga, no me he atrevido, no he sido capaz. Quizás algún día lo sea… pero hoy no. Todavía estoy aprendiendo a decirle adiós y, les aseguro, que no se me da nada bien.

Así que, sólo me queda mandarle todo nuestro apoyo a Yago, a Gadea… y un abrazo enorme a Olga (otro de los miembros indispensables de mi particular “Consejo de Sabios”). Y bueno, a Antonio…. sólo decirle que allá donde esté, no deje de trenzar versos, de irradiarnos ilusiones y de mandar alguno de sus destellos de genialidad a todos aquellos que seguimos precisando de su cariño, de su sabiduría, de sus consejos…. Estés donde estés, que siempre sea cerquita.

Por Redacción | 29 Marzo, 2010 a las 7:33 - Escrito en Gente nuestra

Redacción. Siempre es una muy grata noticia anunciar la publicación de una obra literaria, y muy especialmente si ésta proviene de un autor tan reconocido como nuestro colaborador Antonio Reis.

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Tras unas magistrales incursiones en poesía, artículos de opinión y prosa, Antonio Reis (o, haciendo uso de su seudónimo más habitual “Arenasil”) hace gala una vez más su enorme polivalencia y calidad literaria, ésta vez en el campo de la novela.

El bisabuelo de Adán” (Ochoa Impresores), nos narra un muy interesante relato, con la tierra castellana (tan profusamente retratada por Antonio) como telón de fondo. Una historia que conjuga la inmensa capacidad de observación del autor, su minucioso conocimiento de la Tierra y de las gentes de Castilla (fruto de numerosos trabajos de investigación) y un innegable talento para transmitir y narrar hechos y reflexiones.

Un relato del que sólo revelaremos (y tal y como nos han contado de primera mano) que por su intensidad y no demasiada extensión provoca que el lector lo recorra con avidez de la primera… a la última página de una sola lectura, algo que sólo logran alcanzar las grandes obras literarias… y ésta sin duda lo es.

Un Artista muy polifacético.

Antonio Reis, “Arenasil” (a quien vemos en la imagen junto a su esposa, la también escritora y Asesora Cultural de ArandaHOY.com, Olga Araúzo) ha logrado cosechar varios galardones en el campo de la poesía y un extendido reconocimiento por sus columnas de opinión en numerosos medios de prensa escrita y digital. Aunque no sea, quizás, una de sus facetas más conocidas, Antonio ha demostrado también un gran talento en el ámbito pictórico; de hecho, en la contraportada de “El bisabuelo de Adán” una delicada acuarela firmada por el autor sirve para rubricar un libro que unánimemente, y desde la redacción de ArandaHOY.com, no dudamos en recomendar fervientemente a nuestros lectores.


La presentación tuvo lugar en el Hotel Julia de Aranda de Duero:

Por Webmaster | 27 Septiembre, 2009 a las 11:02 - Escrito en Cultura

9. Nuestros Antepasados empiezan su Historia.

Antonio Reis. A finales de la tercera centuria a.c. dos ciudades se disputan la hegemonía del mundo conocido: Cartago y Roma, que representan, además, las dos grandes culturas eternamente en lucha. Cartago es la heredera y depositaria del orientalismo, mientras Roma asumirá la defensa y difusión del clasicismo griego, el occidentalismo. Ninguna de las dos hubiera podido imponerse con sólo sus recursos humanos, por eso, desde el principio de la guerra, recurren a la contratación de ejércitos mercenarios. Una de las regiones preferidas para leva es la Celtiberia, cuyos jinetes causan asombro por su destreza y disciplina. Así entramos en la historia.

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A partir del 218 y hasta el final de la conquista romana de la península, nuestros hombres y nuestras tierras aparecerán documentados años tras año. No entra en mis planes aburrir al lector con datos innecesarios; pero cuando se ha llegado a decir que nuestra comarca no entró en la historia hasta la reconquista, conviene desmentirlo. Veamos algunos datos, sólo referentes a los sesenta años anteriores a las guerras celtibéricas:

218: los celtíberos figuran el ejercito de Aníbal, en Italia.
213: Los celtíberos abandonan el ejercito cartaginés, en protesta por no cobrar los sueldos estipulados.
212: Roma contrata por primera vez tropas en la Celtiberia.
211: Los celtíberos abandonan el ejercito de los Escipiones, pagados por Cartago, pero se mantienen neutrales, para evitar ser tildados de traidores.
209: Un príncipe celtíbero, al frente de 1500 jinetes, combate a las órdenes de Escipión.
208: Asdrúbal en persona hace levas en Celtiberia.
207: Un gran ejército celtíbero se encuentra a las órdenes de cartaginés Hannón. El mismo año Magón recorre la Celtiberia reclutando tropas.

206: Los celtíberos luchan al lado de Magón. El mismo Asdrúbal atraviesa los Pirineos con un ejército de celtíberos.
195: Roma ofrece a los diez mil soldados celtíberos que defienden a los turdetanos doble sueldo por pasarse a su bando.
188-187: Los celtíberos devastan los campos de los aliados de Roma, demandando al invasor más tierras de cultivo.
186: En unión de los lusitanos repiten la misma acción.
182: Los celtíberos consiguen las tierras de cultivo que reclaman.
181: Muchos celtíberos, no poseedores de tierra, se entregan a los romanos.
181-180: Flaco manda talar los campos de la Celtiberia. Parece una provocación estudiada, porque nuestros antepasados consideraban sagrados los bosques.
180: Los celtíberos se comprometen, a cambio de un tratado de paz, a pagar tributo anual a roma, a prestar servicio militar y a no edificar nuevas ciudades ni amurallar las que no tengan ya murallas. A cambio el firmante extranjero, Graco, autoriza la acuñación de monedas. Ciento cinco plazas celtíberas aceptan el acuerdo.
179: El mismo Sempronio Graco, en un intento de obligar a firmar la paz al resto de la región, asola 300 vici (aldeas) y Castella (castillos), consiguiendo la sumisión de 130 ciudades más. El mismo año veinte mil celtíberos ponen sitio a Caravis, aliada de Roma. En estas fechas Roma ya había decidido conquistar la Celtiberia, pero tardaría casi un siglo en someterla totalmente.

Los datos (todos de historiadores romanos) demuestran lo que ya habíamos visto antes: la superpoblación de la zona, la organización coherente del territorio, el prestigio de los jinetes y los caballos, etc.

Antonio Reis.

Por Antonio Reis | 11 Agosto, 2009 a las 20:04 - Escrito en Cultura

8. Ahora hablemos de Mujeres.

Antonio Reis. Aunque los textos latinos son parcos en casi todo lo que no sea la guerra, el asombro ante costumbres que se consideran raras, les hizo escribir algunos leves comentarios que, a pesar de su escasez, nos permiten conocer un poco mejor aquel mundo lejano en el tiempo.

Fotografía: Javier Marqués

Fotografía: Javier Marqués

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Con frecuencia interpretan muy mal lo que ven, al desconocer la idiosincrasia y las costumbres del enemigo. Nos cuentan, por ejemplo, la costumbre que tenían los vaceos, al verse acosados, de formar un cerco con las carretas (palustra) para defenderse dentro de él. Y añaden que aquellos vaceos se vestían de mujeres. Nada más lejos de la realidad: las diferencias de indumentaria entre hombres y mujeres no eran casi perceptibles, además tanto vaceos como arévacos se engalanaban con sus mejores prendas y joyas para el combate, porque durante muchos años se consideraron invencibles y porque para ellos la guerra era un deporte, con estrictas reglas caballerescas. Ante la crueldad romana acabaron pagando con la misma moneda.

Ya hemos visto que tuvieron un sociedad gentilicia y patriarcal, a diferencia de los pueblos de la cornisa cantábrica, de estructura matriarcal. Sin embargo el papel de la mujer era mucho más importante que en otros pueblos coetáneos. Encargada del hogar y de la educación de los hijos poseía una prerrogativa difícil de encontrar fuera de nuestro ámbito geográfico: la de elegir marido. Se sabe cuales eran sus preferencias: invariablemente elegía al más diestro con las armas, al más valiente y al más fuerte, dicho en lenguaje moderno, al más atlético. Para ello sometía a los pretendientes a una serie de pruebas que iban desde la caza a la danza y, a veces, a luchar entre ellos. El triunfador consideraba un privilegio y un favor de los dioses alcanzar la mano de su dama.

En situaciones excepcionales el padre podía tomar la iniciativa, pero ningún hombre llegaba al matrimonio sin una prueba de valor, ni sin pugna entre pretendientes.

Apiano nos cuenta que, estando sitiada Numancia por Mancino, el padre de una muchacha que destacaba por su hermosura y cuya mano se disputaban dos rivales, se la ofreció al primero de ellos que le entregara la mano cortada de un romano.
Temperamentalmente aquellas señoras admiran por su energía. Si exigían valor a los hombres ellas, en ocasiones, demostraban que no se arredraban ante nada. Salustio nos dejó un relato sobrecogedor, ocurrido en una ciudad de la Celtiberia cuyo nombre omitió, entorno al año 90 antes de Cristo. Ante la certeza de que se acercaba a ellos Pompeyo con un potente ejercito, los ancianos aconsejaron la paz, pensando que era lo más prudente. Las mujeres no aceptaron y, empuñando las armas, desde los puntos más altos de la ciudad increpaban a los hombres diciéndoles que, puesto que se disponían la patria, las mujeres y la libertad, se prepararan también a parir, amamantar y vivir como mujeres. Ante tales diatribas los jóvenes, contraviniendo las órdenes del senado, empuñaron las armas y defendieron su ciudad.

Antonio Reis.