Por Antonio Reis | 18 Junio, 2009 a las 9:44 - Escrito en Cultura

7. Palabra de Celtíbero.

Fotografía: J.Marqués

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Antonio Reis. En el capítulo anterior vimos la organización de nuestros primeros antepasados. Intentemos conocerlos mejor.

Por regla general las relaciones entre tribus se limitaban a firmar pactos por los que se comprometían a acoger a los visitantes como a verdaderos huéspedes. La familias se disputaban el honor de tener en su casa al forastero porque, según sus creencias, la hospitalidad propiciaba el favor de los dioses. Jamás, ni aún en guerra entre ellos, se humillaba al emisario de otra tribu. Cuando se denunciaban los pactos se reunían los jefes respectivos y rompían públicamente el documento, si no se llegaba a un acuerdo. La palabra empeñada se mantenía con absoluta fidelidad y, en consecuencia, se fiaban de la palabra ajena. Los romanos se sirvieron con mezquindad de la fe que depositaban los celtíberos en los tratados. Buena parte de las victorias de los invasores no se habrían alcanzado si los indígenas no se hubieran fiado de ellos.

Además de la sólida estructura familiar los primitivos ribereños tenían un fuerte apego a sus tradiciones y a sus dioses. Entre estos debemos destacar a Epona, diosa protectora de la ganadería y representada sobre un caballo. No olvidemos que los caballos de la Celtiberia alcanzaron un merecido prestigio. En las guerras numantinas los cónsules latinos habían utilizado siempre caballos africanos; pero Escipión pide a Yugurta Elefantes, al mismo tiempo que prefiere, por primera vez, los caballos de aquí. Las Matres y las Diulues eran las diosas consideradas de la naturaleza. Entre los dioses masculinos ocupaban la primacía los Lugoves, cuyo culto se extendía por toda la mitad norte peninsular.

Algunas costumbres, transformadas por el tiempo, han perdurado hasta nuestros días. Voy a recordar el relato de apiano sobre la muerte de Viriato, porque la ceremonia de las exequias del lusitano es común a las que dedicaban los celtíberos a sus héroes. Dice así:

“Los lusitanos ofrecieron a su jefe honras casi divinas; primero quemaron el cadáver en una hoguera gigantesca, y con el muchos animales ofrecidos en sacrificio. Mientras las llamas consumían el cuerpo, todo el ejercito, a pie y a caballo, daba vueltas a la pira, como una última revista, entonando cánticos en honor del héroe. Cuando las llamas se apagaron se sentaron todos en el lugar de la hoguera en silencioso luto. Finalmente construyeron un túmulo y doscientos pares de guerreros hicieron un simulacro de combate”.

Este simulacro de combate era una danza guerrera, muy común entre todos los pueblos antiguos de España, que constituía un excelente entrenamiento para la lucha. Las danzas de paloteo, que todavía se ejecutan en Fuentelcesped, Quintana del Pidio, Pinilla Trasmonte, Baños y, hasta medio siglo en Aranda, son reminiscencias celtíberas.

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Por Antonio Reis | 23 Mayo, 2009 a las 11:59 - Escrito en Cultura

6. Pues no, señor, no eran tan primitivos.

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Antonio Reis. Las gentilidades más emparentadas formaban un clan, al frente del cual un jefe repartía cada año las tierras de cultivo y, después de la recolección, hacía inventario y distribuía las cosechas. Ocultar parte de la cosecha podía significar, para los infractores, la muerte o la esclavitud. Por lo general cada clan disponía de un castro ligeramente amurallado, para defenderse en caso de guerra.

Ante la potencia enorme de los romanos los celtíberos se agruparon en una confederación que, por primera vez, dio sentido nacionalista a un pueblo peninsular. La organización fue la misma que la de la tribu.

Fotografía: J.Marqués

Fotografía: J.Marqués

La vivienda celtíbera podía ser de planta rectangular, cuadrada o circular, como los actuales palomares. En la puerta el dintel estaba cubierto por una enorme piedra, sostenida a cada lado por otras tres, dos grandes arriba y abajo y una más pequeña en el centro, en perfecta simetría. Este tipo de entrada se viene utilizando todavía en nuestros días.
La base de la economía era la misma que hasta el siglo XX, con excepción de la vid, que no se conocía: monocultivo cerealista y una inmensa riqueza ganadera ovina, bovina y equina. También había una industria lanera bien desarrollada. Los documentos de la conquista no dejan lugar a dudas. Así, por ejemplo, se sabe que en un momento dado la contribución exigida era de 800 caballos, 900 capas de lana del tipo sagun y 300 pieles de buey. La bebida preferida era una especie de cerveza de cebada.

La indumentaria, tal como la vemos en las cerámicas y en las monedas, era, con ligeros toques diferenciales, la misma en hombres y mujeres. Además el mencionado sagun vestían calzón corto, un chaleco y un gorrito tipo fenicio, todo de lana. Calzaban los pies con botines y piales de cuero. La cintura la ceñía una faja de lana. Los hombres llevaban también una especie de humeral de recio cuero que protegía los brazos, al mismo tiempo que les permitía moverse con libertad en el combate.

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Por Antonio Reis | 10 Mayo, 2009 a las 9:02 - Escrito en Cultura

4.El Enigma del Nombre de Aranda III

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Antonio Reis. La pretensión del padre Francisco Naval de hacer coincidir las XXVI millas por una vía Roa-Aranda-Clunia aumenta el error, pues por ese trayecto no se podrían rebajar los 50 Km.

Fotografía: J.Marqués

Fotografía: J.Marqués

¿Se equivocó también el Itinerario Antonino? Creo que no, que los que se equivocan son los que pretenden que la mansión romana de Rauda estaba en Roa. No se puede negar que Roa tiene su raíz etimológica en Rauda, pero eso no basta. Cuando el año 912 el conde Nuño Núñez puebla Roa, aunque pensara reconstruír la antigua Rauda nada impide pensar que desplazara el sitio unos pocos kilómetros, buscando un lugar estratégico como lo es la actual villa de Roa. Hay muchos ejemplos similares.

El Itinerario señala la distancia Tela-Pintiam en XXIII m.p. , 34 kilómetros, que son los correctos entre Tudela y el Cerro de las Pinzas, situado entre Curiel y Pesquera. Luego indica Rauda-Cluniam XXVI. Para acomodar estas veintiséis millas a Roa se han hecho verdaderos alardes de imaginación, cuando lo normal hubiera sido buscar Rauda en la distancia indicada por el geógrafo.
Las XXIII más las XXVI millas nos dan, aproximadamente, 70 kilómetros y medio, distancia entre Tela (Tudela) y Aranda. Las XXVI millas son también la distancia entre Pintia y Aranda.
Por cuatro trayectos se pueden obtener las 26 millas de Rauda a Clunia, partiendo desde Aranda:

1- Aranda-Gumiel de Hizán y desde allí siguiendo la calzada estudiada por Gratiniano Nieto hasta Clunia.
2- Aranda-Quemada-Baños-Clunia.
3- Aranda-Vadocondes-Zazuar-Peñaranda-Clunia
4- Aranda-La Vid-Peñaranda Clunia

En todos los lugares indicados se han encontrado restos arqueológicos romanos, lo que significa que la zona se hallaba bien comunicada. Se sabe que una calzada seguía el cauce del Duero por el sur, por Castrillo, Aranda y Vadocondes hacia Langa. Por lo tanto cualquiera de los itinerarios indicados podía ser el principal, el de las famosas XXVI m.p., el recomendado.

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Por Antonio Reis | 24 Abril, 2009 a las 17:32 - Escrito en Cultura

4.El Enigma del Nombre de Aranda II

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Antonio Reis. Si la etimología de Roa como derivación de Rauda es clara, también se podría aceptar la derivación etimológica de Aranda de la misma palabra. El padre Francisco Naval (citado por Pedro Sanz Abad en su Historia de Aranda de Duero) , para explicar una distancia, de la que luego hablaré y que figura en el Itinerario Antonino, dice que podría interpretarse: ARAUDA (desde Roa) por Aranda.

Teniendo en cuenta que suelen usarse indistintamente las palabras Rauda y Randa tendríamos Aranda significando “desde Randa”. También los autores aragoneses Dormer y Jerónimo Zurita aseguraron que Rauda es Aranda de Duero. Recuérdese la desprestigiada leyenda traída por D. Aniceto de la Cruz, nuestro más antiguo historiador:

Fotografía: J.Marqués

Fotografía: J.Marqués

La leyenda, contada por Abrahám Hortelio y antes por Nebrija dice que un Cónsul romano, procedente de Clunia, al encontrar las tierras de nuestras vegas sin cultivar diría: “terra ista quae nunc rauda est, deipceps aranda est” significando: “esta tierra, ahora sin cultivar, en adelante será arada”. La leyenda supone que el Cónsul la pronunció embrujado por el atractivo del paisaje. Sin embargo, de ser cierta, cabe suponer algo más trágico. La tenaz resistencia de los habitantes de Rauda a los ejércitos romanos durante las guerras numantinas, le haría tomar la feroz decisión de arar la ciudad para que no quedaran ni los cimientos, ni ninguna otra huella, del lugar que había cobijado a los que habían osado oponerse al imperialismo romano. Por desgracia los conquistadores latinos eran capaces de eso y más. Ésta interpretación de la leyenda, suponiéndola cierta, explicaría muy bien el nombre de Aranda: las tierras que hay que arar, etimología inequívoca, y ciudad originada desde las ruinas de Rauda.

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