Por Gonzalo Oeo Farelo | 16 Agosto, 2012 a las 10:41 - Escrito en Opinión

Gonzalo Oeo Farelo. Siendo la provincia más pequeña en extensión de toda Castilla y León, no cabe duda de que se trata de una de las tierras más visitadas por los reyes del siglo XVIII y XIX español.


Situada estratégicamente en el centro de toda la nación española, esta tierra de paso se convirtió ya desde épocas de reinados castellanos en una de las más valiosas. Pero su valor no lo descubrió Felipe V, ni mucho menos la corona castellana, pues ya incluso en tiempos de la Hispania Romana, era Segovia una de las ciudades más importantes a nivel comercial y defensivo de la península.



Fotografía: J.Marqués | Alcázar e Iglesia de la Vera Cruz

Fotografía: J.Marqués | Alcázar e Iglesia de la Vera Cruz

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Dominando desde las alturas, y arropada por sus casi 200 pueblos, están dos ilustres ciudades: Segovia y San Ildefonso. Historia y tradición, belleza altiva y real encierran sus murallas y monumentos. Desde su enorme acueducto, su castillo y su catedral, Segovia demuestra su señorío y pedigree como ciudad de ciudades que llegó a ser desde tiempos en que el rey francés pisara sus calles por primera vez. De esta tierra se enamoró el quinto de los Felipes, el más borbón de todos, para mandar construir en la Granja un Palacio al más puro estilo de las monarquías del norte de Europa. Sus jardines y fuentes fueron la envidia de las coronas occidentales durante un siglo de esta residencia veraniega donde la corona española borbónica disfrutó de sus días de gloria, y dejó su sello como casa reinante en un país hasta entonces heredado de los Austrias grandes y menores.

Y hablando de representación institucional, Segovia sigue conservando parte de ese esplendor vivido ya desde tiempos inmemoriales. Sus gentes tienen a siete parlamentarios que bregan con honor en las Cortes situadas en la vecina Madrid, provincia de la que son puente hacia lo más puro de Castilla. Es en el Congreso, curiosamente, donde se da un menor número de diputados electos, donde son apenas tres los segovianos que ocupan un escaño.

El primero de ellos atiende al nombre de Juan Luís Gordo Pérez (Segovia, 1959), político de toda la vida, aunque funcionario de profesión. Este técnico de gestón de centros hospitalarios, comenzó su carrera política en el año 88, al calor de la década prodigiosa, como director de gestión en los hospitales ‘12 de octubre’ y ‘San Carlos’ de la capital española. Por aquella época, iba a ser nombrado también secretario de participación ciudadana del PSOE segoviano, donde comenzaría su primera etapa política, que duraría hasta el año 93.

Un año después, Gordo comenzaba otra etapa profesional como profesor asociado en la universidad Carlos III de Madrid, y un año después, iba a ser nombrado subdirector de gestión del Hospital Severo Ochoa de Leganés, donde duraría un total de cuatro años. Antes de ello, en el año 97 fue elegido concejal en el Ayuntamiento de Sangarcía, para ya en el año 2.000 dar el salto a ocupar puestos políticos dentro de la administración pública.

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