Por Webmaster | 28 Enero, 2013 a las 6:59 - Escrito en ► Sabores ◄

Chef Jorge Romero. El tipo de alimento, consistencia, forma de cocinado o densidad nutritiva influyen en la sensación repentina del hambre o, por el contrario, en el retraso del apetito.

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Un plato de macarrones con verduras no provoca la misma respuesta en la sensación de hambre y saciedad de distintos individuos. Unas personas volverán a tener apetito, o incluso hambre, al poco tiempo de haberlos comido, mientras que otras aguantarán sin probar bocado hasta la siguiente comida. La respuesta a los alimentos es distinta según las personas, pese a que las rutas metabólicas para aprovechar los nutrientes sean las mismas. Una consecuencia derivada de estas diferencias es la sensación más marcada de tener hambre o, todo lo contrario, la sensación de saciedad y de retraso del apetito, pese a haber comido lo mismo. Entonces, ¿hay alimentos más indicados para retrasar el apetito? ¿Cuáles son los momentos en los que más interesan y por qué? ¿Es preciso echar mano de los complementos que sacian para aplacar las ganas de comer?

Por qué unos alimentos sacian más que otros

El investigador del CSIC Josep Lluís Torres afirma que, cuando se comen alimentos ricos en azúcares refinados, hay un rápido incremento de la glucosa en la sangre. Esta se metaboliza de forma muy veloz por lo que, al poco tiempo, su cantidad se reduce de forma drástica. En opinión del especialista, este descenso es un mecanismo natural del metabolismo que nos despierta de nuevo el apetito por el azúcar y nos provoca hambre. Pero además del tipo de alimento que se consuma y su composición nutricional (contenido en fibra, carbohidratos, proteínas, grasas o agua), otros factores también influyen en la sensación repentina y/o continua del apetito o, por el contrario, en el retraso en las ganas de comer.

La consistencia de los alimentos escogidos (según sean sólidos o líquidos), el modo de cocinarlos (cocciones más largas hacen que los alimentos ricos en carbohidratos estén predigeridos, por lo que la absorción de sus azúcares es más rápida), su densidad nutritiva, la combinación alimentaria o la cantidad ingerida son algunos elementos que afectan al grado de saciedad de un alimento. Influyen hasta el punto de que tras su consumo se vuelva a tener apetito antes o se puedan pasar más horas sin comer.

La dificultad es mayor cuando esas pulsiones repentinas en el apetito -o esa apetencia desordenada- obedece a mecanismos fisiológicos, neurobiológicos y hormonales más complejos, como una absorción de los nutrientes más rápida, una alteración en los mecanismos de la saciedad o los “food-cravings” (deseos intensos o necesidad de ingerir un alimento específico, según describe la nutricionista Patricia Bolaños). En estos casos, el apoyo de un dietista-nutricionista que guíe y dirija el modo de comer y la distribución de los alimentos es de gran ayuda.

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