Por Webmaster | 27 Junio, 2010 a las 11:04 - Escrito en Cultura

Johari Gautier Carmona. Los mitos renacen constantemente, perduran y se transforman en el tiempo a través de la palabra, de los escritos y las obras artísticas. En muchas ocasiones, reflejan un deseo popular, una necesidad de dignificar una historia o dar sentido a nuevas direcciones políticas.

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Simón Bolívar es uno de esos mitos que, con la independencia latinoamericana y las luchas posteriores, ha ido creciendo hasta ser representado a veces como un semi-Dios, un hombre fuera de lo común, capaz de los mayores sacrificios en nombre de una causa incomprendida por la mayoría, incluso por sus propios aliados.

El actor colombiano Omar Porras ha aprovechado la presentación de su última obra teatral “Bolívar, fragmentos de un sueño” y la celebración del bicentenario latinoamericano para reflexionar sobre la figura del mito sudamericano.

Una nueva visión: sin rencores ni prejuicios.

“No queremos juzgarlo. Sólo queremos devolver la palabra a Bolívar y que hable libremente, porque se la hemos quitado hace muchos años”, ha explicado el actor colombiano Omar Porras para recalcar la necesidad de indagar alrededor de su figura.

No es la primera vez que el teatro se acapara de este gran personaje histórico, ya apareció en otra obra titulada “El libertador”, pero, esta vez, la puesta en escena se funda en los textos del escritor colombiano William Ospina, ganador del premio Romulos Gallego, y se tiñe de una nueva tonalidad, fresca y sin rencores, sin prejuicios y centrada en la parte humana del mito con sus preocupaciones, sus polémicas y sus debilidades. “Muchas personas pensaban que la obra Bolívar iba a ser comercial y que en ella se vería a un hombre perfecto, pero no es así”, ha enfatizado Omar Porras.

El Bolívar que prevalece en la obra es el hombre que acabó siendo el enemigo de todos: de la naturaleza, de la corona española y de sus propios compatriotas que veían en su figura un hombre inestable y ambicioso. También se hace referencia a la enorme admiración que sentía Simón Bolívar por Napoleón. El libertador sudamericano consideró al emperador francés como un modelo a seguir antes de ser testigo de sus tendencias tiránicas, sus ataques a los principios republicanos, y alejarse de él. En la obra, Simón Bolívar ya no aparece como el general tan seguro de sí mismo, le cuesta interpretar la historia, leer entre las líneas y elegir sus aliados porque todos tienden a mantener una notable desconfianza. Conoce la soledad y la combate continuamente como si fuera un elemento inevitable de su destino.

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