Por Johari Gautier Carmona | 26 Noviembre, 2010 a las 8:57 - Escrito en Cultura

Johari Gautier Carmona. La noticia del último premio nobel concedido al escritor peruano Mario Vargas Llosa ha generado mucho entusiasmo en la prensa hispanoamericana. También ha hecho justicia a un autor que, pese a su gran compromiso con la actualidad y su notable influencia, siempre aparecía en los pronósticos pero nunca acababa de convencer al jurado sueco.

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Algunos de los periodistas y escritores más cercanos al galardonado escritor han analizado su recorrido y compartido anécdotas en un acto organizado por el director de la revista literaria Quimera (Jaime Rodríguez) y Casa América. Con ellos descubrimos algunas de sus facetas más desconocidas.

Un autor cercano y abierto.

Xavier Ayén, periodista del diario catalán La Vanguardia, se encontraba en la casa de Mario Vargas Llosa en Manhattan (Nueva York) un día antes de que le concedieran el premio nobel. Allí estuvo entrevistándole en presencia de su esposa para preparar un reportaje especial. Al momento de despedirse, el periodista bromeó: “Si le dan el nobel mañana, ¿me da la exclusiva?“. El autor peruano respondió con ironía, quizás con algo de perplejidad, que sí, que volviera mañana, sin saber lo que estaba a punto de ocurrir.

El día siguiente cayó la increíble noticia. Mario Vargas Llosa era elegido el premio nobel 2010 después de tantos años de espera y, como era de suponer, Xavier Ayén no perdió un solo instante. Se puso en contacto con el escritor para ver si podía entrevistarle y la respuesta le generó mucha gracia: “Sí, sí, venga. ¡Me ha traído usted suerte!“.

Por su lado, el escritor peruano Fernando Iwasaki, nacido en 1961, conoció a Mario Vargas Llosa cuando sólo tenía 21 años. “Le conocí como un groupie que quería una firma“, explica él para ilustrar la ilusión que sentía. En aquel entonces, Vargas Llosa, Bryce y Ribeyro eran los máximos exponentes de una literatura en pleno boom que hablaba de curas, de la sociedad y del poder. “Nunca los hemos mirado con envidia. Había mucha admiración”.

El primer libro que leyó de Vargas Llosa era “Los cachorros” y al recibir esa firma se sintió muy feliz. A continuación, logró establecer una relación de amistad que, hoy en día, sigue siendo muy cercana. Esta cercanía se traduce en confidencias y ayudas diversas. “No sé cuántas veces me ha llamado Mario para decirme que se le ha dañado el ordenador –explica Fernando Iwasaki - y que ha perdido una novela. He de admitir que soy un discapacitado digital pero… ¡Mario Vargas Llosa también!“.

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