Por Jorge Romero | 10 Septiembre, 2015 a las 8:32 - Escrito en Salud

Chef Jorge Romero. El aumento notable de las enfermedades relacionadas con la alimentación (obesidad, hipercolesterolemia, etc.) ha hecho que cada vez más personas se interesen por los alimentos e intenten llevar una dieta más sana y equilibrada acorde con un estilo de vida saludable. De ahí el interés por conocer las calorías que se consumen y el tipo de grasas que contienen los alimentos.

En las etiquetas se leen conceptos como “grasas saturadas”, “grasas vegetales”, “grasas parcialmente hidrogenadas” o “grasas trans”. ¿Qué significan estos términos? ¿Hay grasas más sanas que otras? ¿Qué se debe saber para elegir mejor lo que se toma?

Distintos tipos de grasas

Distintos tipos de grasas

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Grasas, no todo es perjudicial

Las grasas o lípidos de la dieta son una de las grandes fuentes energéticas para el ser humano. Últimamente han adquirido mala fama, puesto que son una de las fuentes calóricas más importantes y se las asocia con un excesivo consumo energético nocivo para la salud. Sin embargo, algunos tipos de grasas son imprescindibles para un óptimo estado de salud: poseen ácidos grasos esenciales (no sintetizados por el hombre e imprescindibles para un correcto funcionamiento del organismo), son vehículo de vitaminas liposolubles (vitaminas A, D, E y K) y precursores de moléculas con importantes funciones biológicas. En paralelo, la ingesta excesiva de grasas de los últimos años hace que debamos ser prudente y evitar un consumo desmesurado.

Distintos tipos de grasas

La mayor parte de las grasas que se consumen se encuentran en los alimentos como ácidos grasos, unas estructuras químicas que se agrupan en forma de triglicéridos (es decir, tres ácidos grasos). Los distintos tipos de grasas se diferencian entre ellos según el tipo de ácidos grasos que constituyen estos compuestos (según su longitud o número de átomos de carbono y el número de dobles enlaces que presentan).

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Por Chef Valpin | 8 Agosto, 2011 a las 7:30 - Escrito en Viña y fogón

La Dieta Mediterránea, una panacea comercial

La Dieta Mediterránea, una panacea comercial

Chef Valpin para ArandaHOY.com. Es difícil poner origen, sentido, definición y hasta consecuencias a éste “difícilmente emulsionable” reclamo comercial, pero ahí está blandido como paradigma de la Gastronomía Patria. Un “totum revolutum”, un - literalmente - insostenible cajón de sastre, que responde al difuso nombre de Treta, perdón… Dieta Mediterránea.

treta1 La Treta Mediterránea


Puede que no sea la Wikipedia, precisamente, la quintaesencia del saber humano, pero sí es una muestra viva y palpable de cómo piensa, opina y define la Sociedad actual.

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Recurriendo a ella encontramos una primera y elocuente definición de la tan cacareada dieta: “Se conoce como dieta mediterránea al modo de alimentarse basado en una idealización de algunos patrones dietéticos de los países mediterráneos“. La primera en la frente. ¿Idealización?, pues sí querido lector…. empezamos a deducir que no es oro todo lo que reluce (ni siquiera el pretendido oro líquido es tal). Ó dicho de otro modo, dicha dieta, planteada en sus habituales términos comerciales, ofrece el mismo grado de fidelidad como “patrón dietético” que las portadas de Interviu como “patrón estético“.

Culto a la caloría y culto al cuerpo.

Use ambos patrones como panegírico y plántese en cualquier playa de nuestro litoral. Comprobará que ni las omnipresentes lorzas y michelines del respetable tienen mínima correspondencia con las venus y efebos del papel couché… ni los presuntos manjares servidos a pie de playa, muestran - siquiera - remoto parecido con el decálogo más esencial de la treta, perdón otra vez… ¿dieta? mediterránea. Lo más inquietante es que entre ambos desencuentros (carnal y culinario) hay una muy siniestra interrelación. Y todo, a escasos metros de ése Mare Nostrum que da nombre y linaje a la tan manida dieta. Paradójico.

Prosigamos. Eludimos la ráfaga de incongruencias históricas puestas, inocentemente, de manifiesto por la Wikipedia hasta caer derribados por la enésima - pero ya mortal - puya definitiva (y definitoria): “Esta dieta, tal cual se planteó, nunca ha sido consumida tradicionalmente en ningún país mediterráneo“, entonces…. ¿qué le estamos vendiendo al mundo?. Pues humo, pero humo de barbacoa y longaniza. Eso sí; según parece resulta  bastante suculento… en el más amplio de los sentidos.

Sólo reseñar que el aceite de oliva, la piedra angular y “oro líquido” de los anuncios, enrosca a nuestro sufrido organismo la nada despreciable cantidad de 900 Kcal por 100 gramos. Y lo malo es que lo empleamos diariamente para freir, sazonar, emulsionar, untar, lubricar, confitar, saltear y aderezar, aún cuando hay aceites de menor precio (y pedigrí) que harían lo mismo, infinitamente mejor y fustigando mucho menos a nuestro particular caos arterial.

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