Por Johari Gautier Carmona | 18 Octubre, 2010 a las 7:18 - Escrito en Cultura

Johari Gautier Carmona. Por encima de la escritura de muchos autores yace una pasión a veces obsesiva y la necesidad de contar una historia. Pero no todos los escritores transforman esta pasión en un verdadero oficio.

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En un encuentro literario organizado y conducido por el escritor José Antonio De Ory, Santiago Roncagliolo nos desvela algunos de sus secretos más íntimos de autor y nos invita a conocer el mundo de su última creación literaria: Tan cerca de la vida (Alfaguara, 2010).

Escribir es como un viaje

“En realidad yo quería hacer películas y… ¡salió mal!”. Así es como Santiago Roncagliolo nos sorprende de entrada, con un tono sincero e irónico que deja entrever una tertulia literaria sin complejos ni demasiados protocolos. El oficio de escritor no se improvisa pero tampoco es el resultado de una carrera predeterminada y este reconocido autor peruano nos lo demuestra. Siempre tuvo claro que lo suyo era contar historias pero nunca pensó que podría vivir de la escritura. Por eso mismo, al llegar a Barcelona, Santiago Roncagliolo quería ser guionista. “Hice de todo –explica él–: redactar artículos, guiones y hasta discursos de política en Perú“. Con una sonrisa sarcástica, el autor añade al instante: “La política peruana es un buen entrenamiento para hacer ficción”.

El viaje es lo que atrae a Santiago. Su vida es el propio reflejo de esta afirmación. Nació en Perú pero creció en México y, ahora, tras un tiempo en Madrid, vive en Barcelona. Sin embargo, más allá del simple viaje físico, la escritura es una forma de viaje que el escritor aprecia especialmente porque le permite ponerse en la vida de otros, trasladarse a otros escenarios, experimentar nuevas sensaciones, sin nunca dar moralejas. Y eso es importante en la vida de un escritor que observa y experimenta por encima de todo. “Cuando escribes una novela, haces una especie de cirugía plástica –comenta el autor–. Reconstruyes un viaje poniéndole orden“. Así pues, la literatura es como un viaje mejorado estéticamente en el que hay que cuidar la prosa y el lenguaje. “El escritor es un incontinente verbal –afirma Roncagliolo–. Tiene que escribir muchas páginas para simplemente describir una sensación o una palabra

Cada libro representa un nuevo viaje y cada viaje contiene una nueva experiencia. Eso explica porqué el estilo del narrador cambia con cada publicación. “Me gusta cambiar de recursos” –comenta el autor y, en esa respuesta, vislumbramos a un explorador emocional que crece con cada uno de sus proyectos. Ahora entendemos su rechazo a la moraleja y el aprecio especial que siente por un consejo rudimentario que oyó años atrás: “lee muchos libros y lárgate de tu casa“.

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