Por Gloria Soto | 11 Junio, 2020 a las 7:56 - Escrito en Es Noticia

Gloria Soto. “La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde” reza Don Quijote de la Mancha. Esta verdad irrefutable, podría aplicarse a muchas situaciones, el ejemplo de calle más ilustrativo son los trileros, mueven la bolita con mucha habilidad esperando que muerdas el anzuelo y creas que ganar es muy fácil. Solo cuando hayas perdido el dinero, descubrirás que todo era una estafa.

Gloria Soto

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En mi tiempo en Estados Unidos descubro como ya vengo diciendo que las noticias sobre el Presidente se tergiversan continuadamente, es más, hay una feroz campaña interna e internacional en su contra. Es el tema de parrilla, que ocupa la primera agenda. “Hay que derrotar a Trump” es casi el único discurso de los Demócratas. Claro que tampoco hay mucho más pues los datos juegan a su favor y avalan una buena gestión. “Se acaban de crear dos millones de nuevos puestos de trabajo y la recuperación económica está en marcha”.

La actualidad inmediata la ha ocupado, la muerte del afroamericano George Floyd el pasado 25 de mayo, por el policía blanco Derek Chovin en Minneapolis. Este acto injustificable contrario a los Derechos Humanos ha encendido las calles con gritos contra el racismo, esa lacra que arrastra la sociedad americana, desde la época colonial. Fue el presidente republicano Abraham Lincoln quien estableció la Unión de los Estados y abolió la esclavitud al ganar a los demócratas sureños. Desde entonces mucha tinta y gobiernos de signo distinto se han sucedido sin que el tema se haya erradicado de la sociedad.

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Por Webmaster | 9 Noviembre, 2010 a las 11:14 - Escrito en Opinión

Antonio Adeliño Vélez. “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros…”

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De esta forma tan poética comienza la declaración universal de derechos humanos; aunque la realidad mundial es algo más prosaica, pues no se respetan en la medida que se debiera, y no solo en los llamados países del tercer mundo, sino también en las sociedades desarrolladas e industrializadas y con regímenes políticos democráticos.

Es indudable que a pesar de los conflictos bélicos y de las dictaduras que sufren distintos países, la humanidad dio un paso de gigante al promulgarse esta declaración. Y hemos de concluir que esto es así, ya que el siglo pasado fue testigo de genocidios sin precedentes, purgas siniestras, masacres crueles, persecuciones despiadadas, hambrunas intolerables, analfabetismos generalizados y epidemias evitables.

El día 10 de diciembre de 1948, con las heridas aún abiertas de la II Guerra Mundial, cuyas atrocidades sacudieron las conciencias de los hombres de buena voluntad; se proclamó en la sede de la Organización de Naciones Unidas (ONU) por unanimidad de la Asamblea General, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde se recogen los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de todos los miembros de la familia humana.

La denominada Resolución 217 A (III), describe en 30 artículos, un programa del que se ha dicho que es “el secreto mejor guardado del mundo” por su sistemático incumplimiento. Pero la progresiva incorporación de sus principios a las constituciones y leyes de los países (entre ellas la vigente constitución española de 1978) y su inserción en tratados internacionales, nos permite ser optimistas y soñar con un futuro mas digno para todos los hombres, a pesar de la lentitud en la implantación de los preceptos recogidos en su articulado.

Sesenta y dos años después, las disposiciones allí recogidas se han convertido en un verdadero estatus jurídico para muchas naciones; pero en otras tantas siguen siendo una buena declaración de intenciones, pues ciertas culturas son reacias a abolir esclavitudes, castas y sumisiones; permitiendo la utilización de la persona como un mero objeto despojada de la dignidad que le es inherente.

La defensa de esto derechos corresponde a todos. No podemos permitir que disfrazados de elementos culturales foráneas, se introduzcan en nuestra sociedad instrumentos de sumisión, de explotación, o discriminación; contrarios a la dignidad libertad y justicia con que debe ser tratado todo se humano. A veces, el silencio también es cómplice.