Por José Mateos Mariscal | 30 Noviembre, 2020 a las 9:08 - Escrito en Opinión

José Mateos Mariscal. No vamos haciendo nada malo, sólo queremos trabajo, es el pensamiento general de los emigrantes que aspiramos a mejores oportunidades de vida.

José Mateos Mariscal

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Cuando hablamos de una sociedad inclusiva, pensamos en la que valoriza la diversidad humana y fortalece la aceptación de las diferencias individuales. Es dentro de ella que aprendemos a convivir, contribuir y construir juntos un mundo de oportunidades reales (no obligatoriamente iguales) para todos. Eso implica una sociedad en donde cada uno es responsable por la calidad de vida del otro, aún cuando ese otro es muy diferente de nosotros.

La segunda emigración española en Alemania, se conoce con el nombre de Gastarbeiter, término que utilizó el país alemán para regular esta mano de obra llegada sobre todo, del sur europeo y Turquía a partir de 1960. El documental “El Tren de la Memoria” dirigido por Ana Arribas y Ana Pérez en 2005 refleja la situación de miles de españoles durante la oleada migratoria más importante que se ha producido a la ciudad germana. En los párrafos que preceden se describen las vivencias de estos españoles en Alemania, las cuales se recogen de los testimonios que relatan en primera persona estos españoles en el mencionado documental.

La indefensión de los trabajadores era atroz. Los turnos de las jornadas laborales oscilaban alrededor de las doce horas, ya que se veían obligados a hacer horas extras. La carga familiar que dejaban en España, el afán de ahorrar para volver a la mayor brevedad y la explotación laboral, los llevaba a unas jornadas laborales interminables, lo que los obligaba a vivir separados de sus hijos; bien por dejarlos en internados alemanes, o en España, con la familia, provocando una desestructuración familiar, cuanto menos traumática.

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Por José Mateos Mariscal | 23 Noviembre, 2020 a las 9:21 - Escrito en Opinión

José Mateos Mariscal. Si 2020 fuera un año normal, sin Covid, ya estaríamos planeando la fiesta más bonita de nuestro calendario. ¿Has pensado ya en la Navidad? ¿Cómo será la Navidad este año? ¿La Covid provocará que sean unas fiestas muy diferentes? Cada año, por estas fechas, los escaparates y las calles lucen una gran variedad de adornos navideños. Las tiendas ya rebosan de regalos y juguetes.

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Lejos de casa. Con la morriña de la familia que quedó en España, viviendo apretadamente porque buena parte de lo que se ganamos lo mandamos a nuestro país para ayudar a nuestras familias. Arracimados en una nueva familia, la de la emigración forzada cuya razón es la necesidad.

La época decembrina suele estar asociada al encuentro, la unión y el vínculo entre familiares y amigos. Sin embargo, somos muchas familias que por razones adversas, decidimos emprender un viaje con un rumbo incierto y probar suerte en otro país, ante la difícil situación y el contexto desfavorable en la que se encuentran sumergidas en España.

Mi familia y yo tratamos de controlar la nostalgia, con la esperanza de llegar a un destino en el cual encontrar un futuro mejor.

Entre nosotros mismos nos damos fuerzas para continuar la travesía y con lo poco que tenemos, buscan adecuarse a la época navideña, a pesar de las circunstancias.

Sin trabajo, sin ingresos y sin posibilidad de regresar a nuestros lugares de origen, son apenas la punta del iceberg del problema que afrontamos los emigrantes en Alemania a causa de la Covid-19. Fijamos ya nuestras miras en una desdibujada Navidad.

La cúspide de los motivos se encuentran la nostalgia y la tristeza producida por el denominado síndrome de la silla vacía, que surge cuando las emociones por la ausencia de un ser querido entran en conflicto con el ambiente festivo típico de las celebraciones navideñas.

La Navidad puede convertirse en un factor de riesgo ambiental o en un desencadenante para que toda esta sintomatología aflore de manera más vívida.

Los más habituales son todos los síntomas que solemos relacionar con la depresión o que se parecen a ellos, como tristeza, rabia, ganas de llorar, desánimo, pocas ganas de hacer cosas, apatía, irritabilidad, sensación de estar más susceptibles y, muchas veces, una elevada ansiedad.

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Por José Mateos Mariscal | 16 Noviembre, 2020 a las 9:08 - Escrito en Opinión

Jose Mateos Mariscal. Cuando llegamos no sabíamos dónde ir. Preguntando nos dijeron que existía una ciudad industrial Wuppertal y hasta allá nos fuimos, sin ninguna referencia y sin ningún contacto, lo que los llevó a dormir en las plazas, en la estación de autobuses, hasta que pudiéramos acomodarnos y alquilar una pensión. Hoy, ya pasaron más de 8 años de aquella aventura.

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“Solo teníamos un papel con la dirección de una familia vecina de nuestro pueblo natal, que vivía en Wuppertal. Mi papá fue preguntando con señas cómo llegar, porque no hablaba nada el idioma. Tardó dos días en dar con ellos y volver a buscarnos al Hotel.”

Nuestro pasado fue terrible, gente que no sabíamos el idioma, que trabajábamos de sol a sol, pero que tuvimos la fuerza, la tenacidad de luchar y construir algo para nuestras familias desde la nada. Ni mi papá ni mi mama tuvieron la oportunidad de volver a España ni de vacaciones.

Me fui, como bien podría decir una canción de Sabina, con una maleta repleta de besos con regusto amargo y sin billete de vuelta.

Donde como ya anticipaba en el título, la Emigración se ha convertido para mí y para muchos españoles en la Crónica de una muerte anunciada (con mi máximo respeto al Gabo).

Todos los que vinimos a Alemania vinimos con esa ilusión de crecer. La gente que viene de afuera con buenas intenciones, quiere formar una familia, progresar día a día, formarse, aprender. Yo no me siento parte de este país, de este lugar, de esta ciudad. Si bien la distancia te quita lo físico, los sentimientos, la memoria, los recuerdos están en la vida cotidiana y ayudan a seguir mirando siempre para adelante.

Siempre me pareció falso el nombre que nos han dado: emigrantes porque la emigración significa éxodo.. Y nosotros no hemos salido voluntariamente eligiendo otro país.

Ni migramos a otro país para establecernos en él. Nosotros hemos huido. Expulsados, desterrados.

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Por José Mateos Mariscal | 9 Noviembre, 2020 a las 9:18 - Escrito en Es Noticia

José Mateos Mariscal. Despedidos, confinados y sin poder regresar a casa. Decenas de miles de Emigrantes asiáticos, africanos, polacos, portugueses españoles han quedado atrapados en Alemania por la suspensión de vuelos a causa de la pandemia.

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Sin trabajo, sin ingresos y sin vuelos para regresar a sus lugares de origen, son apenas la punta del iceberg del problema que afrontan los Emigrantes en Alemania a causa de la Covid-19. Los más afectados por las consecuencias económicas. Millones de ellos se han encontrado de un día para otro despedidos, confinados y varados lejos de sus hogares, algunos sin siquiera asistencia médica.

La pandemia ha supuesto la pérdida de muchos trabajos, pero aún es difícil estimar su alcance. En Alemania, las medidas de ayuda a la población no se extienden a los Emigrantes que no tengan cotizado al menos un año, que son el grueso de la fuerza laboral en los sectores más afectados.

Los emigrantes levantamos sus modernas fábricas gracias a un ejército de obreros baratos procedentes de medio mundo, pero sobre todo asiáticos y africanos portugueses españoles polacos y turcos. Al menos un tercio de quienes vivimos en Alemania somos trabajadores extranjeros.

Los trabajadores extranjeros estamos bajo una gran presión porque no podemos enviar dinero a nuestras familias y algunos apenas tenemos para comer, ya que la mayoría trabajamos en sectores que han paralizado su actividad.

Alemania decretó una amnistía para quienes han excedido su estancia legal y ha ofrecido vuelos gratuitos de repatriación. Ha extendido hasta fin de año los permisos de residencia, pedido a las empresas que no echen de sus alojamientos a los empleados que despidan y eliminado la autorización para cambiar de trabajo. Aun así, son decenas de miles los que en estas circunstancias prefieren volver a sus lugares de origen, pero se han encontrado con las puertas cerradas.

Y muchos simplemente tenemos miedo. Las actividades esenciales recaen sobre nuestras espaldas. Somos extranjeros la mayoría de los empleados en hospitales (en todos los niveles), servicios de limpieza y desinfección, supermercados, empresas de entregas a domicilio, basureros o en las obras que no han parado. Tenemos trabajos de máximo riesgo que los propios alemanes no quieren realizar.

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