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Diciembre 08, 2020

El relativismo absurdo

Escrito en: Opinión

Tiempos modernos

Tiempos modernos

Antonio Adeliño Vélez. En estos tiempos en que se ensalza el pensamiento relativista como una máxima absoluta y se tiene como creencia indiscutible, debería de imperar el debate sincero y el respeto a la opinión ajena como regla fundamental de comportamiento, ya que según se dice, todo es relativo. Pero cuando el diálogo se sustituye por la propaganda ideológica, llegamos a algunos absurdos como los tratados a continuación.

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De antemano diré que toda regla tiene sus excepciones y no es mi intención censurar la conducta de nadie, ni herir la sensibilidad de las personas con firmes convicciones, por lo que no estará de más que me adelante a pedir disculpas por si alguien se siente ofendido por los ejemplos que aquí aparecen y que solo son unas reflexiones recogidas al vuelo.

Si en aras del relativismo, discutimos y ponemos en duda, que matrimonio es un contrato público, con testigos, libre y voluntario, entre un hombre y una mujer, y dado que la poligamia y poliandria, de momento, sigue prohibido por la ley; resulta lógico llamar también matrimonio a los contratos civiles ente dos hombres o entre dos mujeres.

Pero ya que hemos relativizado una vez, por qué no hacerlo de nuevo. Quien puede impedirnos que también lo afirmemos de una persona con su perro o su caballo. Al perro y al caballo sólo les falta hablar, a decir de sus dueños, y cómo no pueden decir que están en contra, podemos llamarlo también matrimonio. Así que habrá que establecer una ceremonia civil o medio religiosa para sellar el compromiso, aunque solo sea para que la Iglesia Católica se oponga y poder tacharla de carca, que es un deporte que está de moda.

Y si seguimos relativizando, también podemos firmar un contrato matrimonial con la televisión, el ordenador, o el automóvil, pues el amor que les profesan algunas personas a estos aparatos, es desmedido. Ya sé que el planteamiento resulta absurdo y parece que estoy fomentando el disparate, pero de inicio hemos afirmado que todo es relativo.

Quizás resulte más desgarradora la total impunidad establecida en “el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo” o sea el aborto libre. La ley no lo impide y desde el púlpito laico de las televisiones se ha pontificado sobre sus bondades y el eufemismo ha calado en la sociedad. No quisiera dar ideas, pero si se relativiza un poco, se podría abortar el desarrollo del niño ya nacido; y por qué no, abortar con efecto retroactivo hasta la edad de 30 años (edad adulta), que es una fecha que puede resultar simpática a quienes la hayan pasado, y no tanto a quienes no hayan llegado.

Y qué decir del “derecho a morir dignamente” antes llamado eutanasia o eugenesia. Cómo todo es relativo, pues pasamos de llamarlo homicidio o suicidio asistido, a muerte digna y luego a derecho a morir dignamente. Cosa que admitimos sin más, porque todo es relativo y además, si no es legal, lo será pronto. Supongo que nadie se opondrá, a que a un enfermo terminal, se le dispensen los cuidados paliativos necesarios para aliviar su sufrimiento; pero de ahí, a terminar cuanto antes con la vida del enfermo para que no sufra, media un abismo.

En fin, que la filosofía popular es muy sabia y llama al pan, pan, y al vino, vino. Y no es muy partidaria de relativizar las cosas, pues aconseja ser comedidos en las aseveraciones, ya que, de no ser así, llegaríamos al absurdo de afirmar que: “cuarta más, cuarta menos, el burro come por las orejas” y aunque pudiera parecer cierto, no es verdad.



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