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Abril 30, 2021

Dibujantes de historias, contadores de dibujos

Escrito en: Cultura

Antonio Adeliño Vélez. Hemos estado durante unas semanas en esta revista, sin poder disfrutar de las viñetas de nuestro redactor gráfico Pedro Félix, y ahora que renueva su colaboración diaria, voy a reflexionar en voz alta sobre el arte de contar historias en dibujos.

Es un arte saber dibujar y no es nada fácil plasmar una idea con cuatro trazos, pero si el dibujante sabe contar historias, tendremos un cuentista que pinta o un pintor de relatos. En ambos casos un narrador que dibuja.

Río fronterizo

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Pintar o dibujar es algo más que expresar unas ideas, porque es el reflejo de la personalidad del dibujante, aunque no domine las artes plásticas. Todos hemos pintado alguna vez, y en aquellos garabatos hemos plasmado con mayor o menor acierto, nuestros deseos, fantasías, ilusiones o anhelos.

Dibujar una viñeta o pintar una escena cotidiana, no deja de ser una aventura cuyo final desconocemos al inicio. Porque el dibujante realiza su trabajo a partir de garabatos que van dando forma a las ideas, de tal manera que a los primeros trazos, se le suman añadidos y se va retocando el dibujo original hasta que termina contando una historia. Algo así, como el cuenta cuentos que con la palabra, va dando vida a los personajes que aparecen en el relato.

Al dibujar estamos compartiendo ideas, ya sea porque las copiamos de los acontecimientos cotidianos o porque las imaginamos extrayéndolas de nuestras ensoñaciones. De esta forma confluyen en el dibujo dos ilusiones: La de quien inició la obra que cuenta una historia a su manera, y la del observador del trabajo que construye o imagina su propio relato. Por tanto se puede afirmar que los trazos despiertan utopías y los colores transmiten emociones.

Quienes dejaron de dibujar en la infancia, deberían intentarlo de nuevo, porque dibujando se mejora la autoestima. Te convencerás de ello, si observas la cara de asombro de un niño al que alabas el dibujo que acaba de pintar. Haz la prueba y coloca su manita a modo de plantilla sobre un papel mientras dibujas su contorno. Notarás en la cara emocionada del pequeño, que acabas de realizar algo maravilloso. Y si el chiquillo aún no sabe hablar la emoción será mayor.

Cualquier dibujo puede convertirse en una obra de arte si expresa algo bonito, o atrae la atención del observador. Si a la primera no nos convence el resultado, quizás haya que dejarlo guardado en la carpeta para añadir más tarde algún detalle, o para retocarlo en un momento de lúcida inspiración, pero un contador de dibujos no debe desistir en su tarea de narrar una bonita historia.



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