Por Cruz Varela | Enero 30, 2017 - 9:34 am - Publicado en Opinión

José-Tomás Cruz Varela. Nada como haber padecido los efectos y consecuencias de la pasada crisis para procurar no volver a cometer los mismos errores, y mas concretamente en lo referido al pequeño y mediano comercio y grandes superficies, llegando a la conclusión que no afectó a todos por igual, en función de la estrategia para combatirla y métodos aplicados para tratar de superarla.

Vender, realmente, es un arte...

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Ante tal estado de cosas y la consiguiente reducción del consumo provocaron sucesivos recortes de plantilla en los grandes comercios.

Un cliente mal atendido e insatisfecho no volverá jamás, pero el gran problema radica en el número de amigos y familiares a los cuales relatará lo sucedido”.

Los vendedores, se sintieron desmotivados con menos ingresos y más trabajo, produciéndose la consiguiente pérdida de interés y como consecuencia el deterioro en la atención al cliente, convirtiéndose en vulgares despachadores. Comportamiento, que al ser detectado y criticado por los clientes, originó que muchos de ellos y con toda la razón modificasen sus hábitos de compra, retornando en muchos casos a los establecimientos de sus respectivos barrios.

Como era de esperar, el pequeño comercio y autónomos, generadores de un elevado porcentaje de empleo en España, también acusaron considerables decrementos en sus negocios. Si bien es cierto que en las pequeñas tiendas se producen dos situaciones perfectamente diferenciadas en función del grado de vinculación familiar con la propiedad del negocio o bien si actúan como empleados por cuenta ajena, circunstancia que en muchos casos no se produce por considerar que el interés es mutuo.

Cualquier persona versada en el tema y con experiencia en formación profesional y trato con el cliente, sabían que la mencionada crisis podría a cada uno en su sitio, asumiendo lo que representa el número de clientes para un negocio y la atención y el servicio con que deben ser atendidos, valores que han sufrido un notable deterioro y que afortunadamente se están valorando y retomando.

No se trata de realizar juegos semánticos ni construir un panegírico en torno los trabajadores del comercio, pero si reconocer la necesidad de recuperar la eficacia de este tipo de profesionales y esencialmente cuando ocupan puestos de cara al público. Un cliente mal atendido e insatisfecho no volverá jamás, pero el gran problema radica en el número de amigos y familiares a los cuales relatará lo sucedido, lógicamente corregido y aumentado.

Tampoco es menos cierto que los bajos sueldos y tipos de contrato en general han influido notoriamente en el descenso de las compras, unido a la práctica desaparición de la clase media en nuestro país. Actualmente , una gran mayoría de clientes compran exclusivamente por precio, siendo lo primero que preguntan hasta el grado de que los restantes datos y beneficios del producto en cuestión dejan de interesarle, prueba evidente de que una gran parte de las compras efectuadas son por necesidad y en un porcentaje muy inferior las efectuadas por capricho por capricho.

Aún así y debido a las citadas enseñanzas de la crisis, la prosperidad y evolución de un negocio dependen “exclusivamente” del precio de la mercancía. Por ejemplo, es de vital importancia la fidelización de los clientes que en gran parte se debe al trato dispensado y aplicando unos márgenes márgenes adecuados.

Nada mejor para ilustrar el contenido del presente artículo que con un ejemplo como el que sucede en el peculiar barrio malagueño de “El Palo”, rebautizado por algunos como la República Independiente de El Palo (RIP), donde existe un establecimiento de confitería-panadería, muy famoso por sus roscones de Navidad, cuyo nombre no ha lugar y atendido por una sola persona, que con su amabilidad de profesionalidad ha conseguido un incremento de clientes muy considerable.

Todo el secreto de Cristina, la responsable, obedece en gran parte a continuar aplicando y con toda naturalidad, el clásico secreto y no por ello menos eficaz de “Las tres SSS” (Sonrisa, Saludo y Servicio), actitud que los compradores de sus productos agradecen. En la citada tienda no queda espacio para el lujo, siendo la calidad y aspecto de su mercancía el principal atractivo del negocio.

A la postre, no nos engañemos, son este tipo de colaboradores los que con independencia de su retribución, no adecuada en muchas ocasiones a su eficacia y rendimiento, los que proporcionan satisfacción a los clientes logrando la citada fidelización y el crecimiento de la empresa. Reconozcamos que existen muchas personas y muy responsables, que cumplen a la perfección con sus cometidos y por ende, merecedoras del lógico reconocimiento. Que cunda el ejemplo y…..¡¡Tiempo al tiempo!!


Este articulo fue publicado el 30 Enero 30Europe/Madrid 2017 a las 9:34 am y esta archivado en Opinión. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

1 Comentario

  1. Enero 30, 2017 @ 9:46 am


    Gran reflexión, Sr. Cruz, la única forma de competir con la vorágine digital es precisamente ésa, la cercanía, la amabilidad, LA PROFESIONALIDAD. Hay quienes preferimos pagar - y esperar - un poco más pero no tener que lidiar con una fría pantalla de ordenador. Pero claro; quienes pensamos así cada vez somos menos… ¡y peor tratados!. Un saludo.

    Escrito por Marc

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