Por Antonio Adeliño Vélez | Marzo 23, 2016 - 9:10 am - Publicado en Cultura

Fotografía: Arturo Sanz Martín | Cofrades

Fotografía: Arturo Sanz Martín | Cofrades

Antonio Adeliño Vélez. Estamos inmersos en la Semana Santa. Siete días con diversos actos religiosos protagonizados por las distintas cofradías arandinas que salen a las calles, vistiendo el atuendo que las identifica y que llenan de colorido nuestra localidad.

Pero ser cofrade, es algo más que vestir una túnica vistosa o un sayal.

Fotografía: Arturo Sanz Martín | Cofrades de La Oración de Jesús en el Huerto

Fotografía: Arturo Sanz | Cofrades de La Oración de Jesús en el Huerto

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A veces, se acusa al cofrade de practicar un cristianismo de baja intensidad, exterior o superficial. Quizás porque se cree que su práctica religiosa se limita a participar en las procesiones de su Hermandad; pero aunque en varios casos pueda ser esto cierto, también es verdad que esta religiosidad popular, es el vínculo que les une a la familia de la Iglesia y por tanto es valiosa, aunque parezca escasa.

El cofrade es Iglesia, tanto el que realiza una labor comprometida en la parroquia y colabora ardientemente en las labores de apostolado; como quien solo aparece por la cofradía “de pascuas a ramos”. Indudablemente en las cofradías hay miembros más comprometidos que provienen de familias o movimientos eclesiales donde se lee y se vive el Evangelio, que dan el necesario contenido espiritual a estas asociaciones de fieles católicos, para que las prácticas externas muevan a todos los Hermanos a recibir los frutos esperados y a contagiarse del Amor de Dios.

Porque este debe ser el testimonio del cofrade: Proclamar, a veces desde el anonimato y a pie de calle, el Amor de Dios hacia el hombre. Y es precisamente en esta época, en que el cristianismo recibe bofetadas de todas partes, cuando es más necesario que nunca, anunciar que Cristo padece y muere por Amor; y por Amor resucita para dar vida a quien sigue sus enseñanzas.

No es tiempo de acomplejarse. Las procesiones de Semana Santa, del Corpus, de la Virgen de las Viñas y de otros santos y santas que recorren nuestras calles; son una muestra de la belleza del Amor de Dios y proclaman un modelo de vida que el cofrade, con mejor o peor disposición, quiere imitar y tiene como referencia.


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