Por Redacción | Junio 26, 2015 - 10:58 am - Publicado en Opinión

Chef Valpin. Presenciar los programas del Chef don Alberto Chicote me hace cada día ser mejor cocinero ya que, con el aprendo y rubrico, que si uno no se toma en serio éste oficio, puede convertirse en un arma de destrucción masiva con patas y cebollero.

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Para quien no conozca la propuesta televisiva del Chef Chicote, diremos que consiste en acudir a restaurantes al borde de la hecatombe, para intentar salvar tanto a sus dueños como a sus trabajadores, aunque en muchos casos, a quien de verdad salva es al probrecito comensal de una gastroenteritis segura (cuando no de algo peor).

La Cocina no debería estar en manos de cualquiera

La Cocina no debería estar en manos de cualquiera

Desfilan por la pantalla afligidos aprendices de hostelero que, entre baba y estertor, narran cómo los fogones de su local han calcinado (más que cocinar) varios cientos de miles de euros.

Si yo fuera uno de los miles de estudiantes españoles de Cocina y Hostelería que va a invertir uno ó dos lustros en su formación, lanzaba directamente la televisión por la ventana”.

El ínclito Chef ofrece inicialmente sus servicios como “dummy” culinario y se inmola ante platos que le hacen gesticular, indignarse, convocar al innombrable - “¡Por la gloria de Paneque“! (sic.) - ó incluso arrastrar grácilmente su lustrosa figura hasta el excusado para verter en él hasta la primera papilla.

Tras las correspondientes indagaciones y ¡precaución! en el mismo horario de televisión que dedicamos a la cena, el afamado Chef nos muestra todo un museo de los horrores que, cuidado televidentes, nos puede conducir a también a nosotros al excusado. Y no para darnos rimel, vaya.

Abróchense los cinturones….

Cocinas rebozadas en porquería antediluviana, sujetos de dudoso oficio ejerciendo de cocineros, cámaras frigoríficas que parecen féretros y, mi favorito, un coro griego de griterío multicultural que pone la banda sonora de improperios a todo el desaguisado: “¡oye wey! ¡que no les gusta nuestra fabada asturiana!“.

Tras ésta dantesca situación hay una buena y una mala noticia. La buena es que - afortunadamente - toda ésta puesta en escena no refleja (ni de lejos) la situación real de nuestra Hostelería. La mala es que, muchos de los elementos que conforman tal “catastrofía” (que diría el hombre-abeja de los Simpson, al que seguramente encontraremos trabajando en alguno de las cocinas afectadas) sí están presentes en numerosos restaurantes españoles.

A un servidor no le entra en su atribulada cabeza, que un hostelero invierta centenares de miles de euros en su negocio pero le duelan prendas en contratar a un buen profesional. Y ya no por ofrecer una adecuada oferta culinaria, no, más bien por no jugar con la salud ¡y la vida! de nuestros clientes y comensales.

La solución que ofrece Chicote Primero el Pacificador es higienizar la cocina (en algunas es necesario hasta un exorcismo y dos rifles de asalto para las plagas), dar unas paternales palmaditas en la espalda a los abatidos propietarios… y enseñar a Vladimira, otrora oficial de cantería en la antigua Unión Soviética, a bregar con las sartenes sin llevarse a alguien por delante.  El Chef remata faena con un emotivo briefing final en el que, con tono entre paternal y castrense, insta a propietarios, cocineros y camareros a seguir perpetrando cartas y menús pero, ya sí, con unos renovados ánimos. Tan temerarios como antes y ahora (encima) motivados. Lo que faltaba.

Si yo fuera uno de los miles de estudiantes españoles de Cocina y Hostelería que va a invertir uno ó dos lustros en su formación, lanzaba la televisión por la ventana (…y no les digo apuntando a quien, para evitar que me reprendan y/o censuren). Pero no, los tiempos de estudiante me quedan ya muy lejos, así que… como Chef y comensal, procuraré dejar mi dinero en aquellos establecimientos que lo hacen bien, encomendando mi salud a auténticos profesionales…. y no a trileros. Y es que es muy frustrante requerir de un intérprete para que me dispensen una tortilla española, de un intérprete y de un “almax”. Eso sí que no.


Este articulo fue publicado el 26 Junio 26Europe/Madrid 2015 a las 10:58 am y esta archivado en Opinión. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

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