Por Pedro Félix García García | Diciembre 4, 2019 - 9:05 am - Publicado en Cultura

Se ha instalado un andamio de cuatro pisos

Se ha instalado un andamio de cuatro pisos

Pedro Félix García. El oficio de restaurador de obras de arte y antigüedades no siempre consiste en un cómodo pasear por un confortable camino de rosas. A veces se convierte en un trabajo de peón de albañil que nunca convendría que desarrollase un simple peón de albañil.

Parece hojaldre pero no; es madera carcomida. ¡Y un huevo!... (de paloma)

Parece hojaldre pero no es hojaldre; es madera carcomida. ¡Y un huevo!... (de paloma)

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Continúan a buen ritmo los trabajos de restauración del retablo del altar mayor de la iglesia parroquial de Vadocondes (Burgos), que se iniciaron el pasado día 15 de octubre, festividad de santa Teresa. Pronto se completó la instalación del imprescindible andamio que permite acceder con seguridad a las pinturas de la bóveda del techo del presbiterio y a la vez a cualquier parte del retablo propiamente dicho. Se ha necesitado montar un andamio de cuatro pisos de altura.

Digamos como anécdota que, según los restauradores ganaban altura a medida que ellos mismos procedían a ir montando su andamio, hasta incluso encontraron en los niveles más altos un huevo de paloma que, a saber cuánto tiempo hacía que lo puso allí uno de esos animales alados que, a veces, se cuelan en los templos y luego no aciertan a encontrar el camino de salida.

Entre el retablo y la pared hay menos de un metro

Entre el retablo y la pared hay menos de un metro

Asimismo pudieron observar de cerca deterioros bastante importantes en algunas partes del retablo, tales como cornisas que se desprendían nada más tocarlas, debido a que en su día habían sido pasto de suculentos banquetes para colonias de voraces termitas. De algunos trozos de madera desprendidos sólo queda sana la capa superficial del dorado exterior. La fragilidad de su madera interior es tal que se asemeja mucho a las capas de un rico pastel de hojaldre, lo que obliga a manejar las piezas con suma delicadeza para que no se deshagan entre las manos. Sin embargo y afortunadamente, en opinión de los restauradores, lo que es el cuerpo principal del retablo no presenta daños estructurales tan graves como para llegar a hacer temer por la supervivencia del conjunto. Aunque hasta el momento no se ha observado la presencia de xilófagos vivos, para total seguridad en la eliminación de los mismos y de cara a la protección de la madera para el futuro, se ha procedido a fumigar todo a fondo, lo que obligó a mantener herméticamente cerrado el templo durante algunos días a mediados de noviembre; concretamente a partir del lunes día 11 de dicho mes permaneció tres días cerrado a cal y canto. Menos mal que durante ese periodo de tiempo no sucedió en Vadocondes ningún triste hecho luctuoso imprevisto, pues no se habría podido celebrar allí oficio religioso alguno.

Pero no vamos a detenernos hoy en relatar lo que se ve de la marcha de la restauración, sino que esta vez queremos resaltar lo que no se ve: vamos a referirnos a la parte de atrás del retablo.

Columnas y nervios de la pared interior del ábside

Columnas y nervios de la pared interior del ábside

El retablo del altar mayor de la iglesia de Vadocondes posee una sólida estructura autoportante; es decir, se sostiene de pie por sí mismo. No necesitaría estar obligatoriamente anclado a la pared. No obstante lo cual, por seguridad y para que jamás pueda inclinarse hacia delante, quienes lo construyeron sí que se ocuparon de colocar desde el principio unos tirantes metálicos -de unos dos centímetros de diámetro- repartidos en determinados puntos estratégicos, que sujetan firmemente el retablo a la pared y garantizan su estabilidad. Los aludidos tirantes no son de una sola pieza longitudinal, sino que se componen de dos partes, enlazadas una a continuación de la otra, unidas entre sí mediante una especie de eslabón intermedio de enganche, particularidad ésta -la de estar formados por dos piezas- que es poco común encontrar en otros retablos equiparables.

Así pues, el retablo del altar mayor de Vadocondes no se encuentra ni mucho menos completamente pegado a la pared de piedra del ábside, sino que existe un espacio relativamente holgado entre su armazón y la susodicha pared, espacio cuya amplitud varía según la zona, pero que, por término medio, podemos decir que no supera casi nunca los 85 centímetros. Dentro de ese espacio estrecho le es posible desenvolverse medianamente bien a una persona, siempre y cuando dicha persona sea de complexión delgada y no padezca claustrofobia claro.

Sorpresa: una ménsula conserva su policromía original

Sorpresa: una ménsula conserva su policromía original

Quienes han gozado del privilegio de acceder a ese espacio existente detrás del retablo de Vadocondes, han experimentado el gran placer poder contemplar con sus propios ojos los nervios y columnas de la pared interior del ábside donde, además en este caso, han aparecido algunas agradables sorpresas.

La primera ha sido la de descubrir la policromía original que todavía se conserva en una ménsula. Esto nos recuerda que, la austeridad que imperaba en las fábricas construidas conforme al estilo gótico, tenía un contrapunto en el colorido. Tengamos muy en cuenta que la cabecera del templo data del siglo XVI mientras que el retablo se construyó dos siglos después. Mientras tanto estuvieron oficiándose los cultos litúrgicos teniendo como único fondo de altar la belleza de la piedra totalmente desnuda de la cabecera, salvo algunos humildes adornos, como el de la ménsula que ahora ha sido posible fotografiar. Su policromía no debe extrañarnos, pues la práctica del color casi siempre estuvo muy presente en la iconografía religiosa, tanto románica como gótica. La sencilla policromía de nuestra ménsula vadocondina se ha conservado en buenas condiciones gracias a que ha permanecido en un oscuro espacio cerrado y a resguardo de corrientes de aire.

Piedra deteriorada, con salitre provocado por la humedad

Piedra deteriorada, con salitre provocado por la humedad

No obstante, quizá la principal sorpresa hallada detrás del retablo, ha sido encontrar allí una inscripción de apreciable tamaño, hecha a lápiz sobre la madera, que reza textualmente: ‘esteretablo Seyzo el año d1753′, lo cual concuerda y confirma plenamente la datación que atribuye a esta obra doña María José Zaparaín (profesora de la Universidad de Burgos), quien dice que la construcción del retablo de Vadocondes se llevó a cabo entre los años 1751 y 1757, desconociéndose quién fue el autor de su traza. Sí existe constancia de que el 9 de junio de 1753, el afamado artífice burgalés ‘Manuel Romero y su hijo Manuel Benigno Romero Arnáiz, quien actúa como fiador, quedaban obligados a efectuar la parte escultórica, comprometiéndose a dar los estofados y dorados’. Es de suponer que ellos no concluyeron toda la labor, pues cuatro años más tarde, otros dos especialistas burgaleses de reconocido prestigio, José Bravo y su hijo José Benito, remataron el dorado ‘según las condiciones por ellos presentadas y las del maestro del obispado oxomense Santiago de la Serna’.

Está claro que un retablo de esta envergadura no se construye y remata en un par de meses. De ahí el largo tiempo transcurrido desde su comienzo hasta que se terminó, y qué circunstancias concurrieron entre tanto.

Rebuscando con paciencia entre los escombros

Rebuscando con paciencia entre los escombros

También merece reseñarse que, justo a la izquierda de la inscripción escrita a lápiz a la que nos hemos referido, dibujada también a lápiz -a tamaño natural- hay una rocalla, figura decorativa curvilínea muy empleada en la ornamentación de tipo vegetal que abunda en los retablos de estilo barroco. La rocalla dibujada aquí, más que una especie de marca de firma del maestro que construyó este retablo, pensamos que se trata simplemente de un croquis que quizá presentó ante alguno de sus discípulos para que este lo esculpiese en madera copiando ese modelo.

No se han encontrado más ‘tesoros’ reseñables detrás del retablo de Vadocondes. Sí ha aparecido allí un pequeño florero -de unos 25 cm de alto- carente de especial valor artístico, y unos cuantos restos de pájaros muertos, y escombro, mucho escombro; sacos y sacos de escombro. Esta circunstancia se da con mucha frecuencia en casi todos los retablos que se procede a restaurar. Los escombros que van generándose en las intervenciones sucesivas que se realizan en los templos a lo largo de los siglos, suelen acabar generalmente escondidos detrás de los retablos. Y ahora, cuando toca desescombrar, dicho desescombrado nunca debe realizarse a paladas descuidadamente por parte de cualquier operario no cualificado, sino que conviene hacerlo muy poco a poco, por parte de personal especializado, escudriñando cada puñadito que se retira, cuidando siempre de no extraviar para siempre cualquier posible trozo u objeto valioso por pequeño que sea.

Mensaje del pasado: ‘esteretablo Seyzo el año d1753’

Mensaje del pasado: ‘esteretablo Seyzo el año d1753’

Es casi una labor arqueológica. Por eso decíamos al principio de este reportaje que el oficio de restaurador obliga a veces a llevar a cabo sufridas tareas poco atrayentes. En dos de las imágenes que acompañan a estas líneas, podemos ver a la restauradora doña Itsaso Arteche -del equipo de Fénix Restauración SL- ‘ataviada’ para el caso, tratando de proteger su cabello con un pañuelo y con una mascarilla puesta para evitar tragar demasiado polvo. Vemos cómo en ese instante está esmerándose en recoger escombro con una pequeña espátula, mientras observa con atención cada montoncito vigilando por si contuviera algo de valor.

No todo el escombro procede de antiguas obras realizadas en el templo, sino que también la misma piedra se desprende a veces de una porción de su propio material. En otra foto que publicamos puede verse el deterioro real sufrido en la base de una columna de un bloque de piedra del interior del ábside de Vadocondes, deterioro consistente en apreciable desprendimiento de salitre provocado por fenómenos de humedad.

Otro próximo día más adelante seguiremos contándoles más cosas sobre la marcha de los trabajos de restauración del retablo del altar mayor de Vadocondes.


Este articulo fue publicado el 4 Diciembre 04Europe/Madrid 2019 a las 9:05 am y esta archivado en Cultura. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

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