Por Antonio Adeliño Vélez | Diciembre 20, 2019 - 9:05 am - Publicado en Cultura

Antonio Adeliño Vélez. Ya va siendo habitual encontrar a Fernando Arribas Lázaro (Nano), pintando un mural en una fachada del barrio de Santa Catalina de Aranda de Duero. Y en esta ocasión, el artista arandino afincado en Valladolid, compagina costumbrismo y modernidad en una nueva obra que surge de su ingenio y que, seguramente sin intención del autor, va configurando un sello de identidad para el vecindario de Santa Catalina.

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La Asociación de Comerciantes de Santa Catalina como promotores de la obra y el Grupo Gerardo de la Calle como patrocinador, han elegido una fachada lisa de un bloque de la avenida de Burgos, junto al Centro Cívico “Virgen de las Viñas”, para materializar un nuevo encargo al muralista arandino. Y esta vez el pintor, ha unido en su obra una escena costumbrista de mediados del siglo pasado, con un paisaje industrial moderno, donde sorprende singularmente la estampa preindustrial de una galera arrastrada por caballos, frente a otra imagen moderna de una planta de transformación de áridos; y aunque ésta última aparece en el cuadro más pequeña, expresivamente es más potente por cuanto sustenta a la primera, queriendo de esta forma, hacer un guiño al empresario Gerardo de la Calle Vallés que aparece retratado en sus inicios como industrial a lomos de un caballo de tiro y después simbólicamente representado como artífice de la gran empresa que contemplamos a sus pies.

Nuevamente Nano, nos sorprende con su buen hacer en el manejo del aerógrafo, ya que ha conseguido realizar una obra artística que cumple su inicial función estética, a la vez que rinde homenaje de gratitud a uno de los más significativos emprendedores ribereños, pues aunque segoviano de nacimiento, es arandino de corazón y devoción. Y en su persona se quiere agradecer el sacrificio de todos los inmigrantes del medio rural y agrícola de nuestra España más castiza, hacia el mundo industrial y urbano de entonces; pues supuso para ellos un esfuerzo titánico no exento de sufrimiento, para progresar personalmente y para transformar la sociedad y mejorarla, que no ha sido debidamente reconocido.

Terminamos animando al lector a visitar este particular museo al aire libre en que se ha convertido el barrio de Santa Catalina. Y tomando como punto de referencia la puerta de la Iglesia que dejamos a nuestra espalda, encontraremos a derecha, izquierda y de frente, los seis murales que van adornando las inexpresivas fachadas de los bloques de viviendas del barrio y la portada del colegio. Cada mural tiene su encanto y encierra un duende que el espectador debe reconocer, pues mientras unos son figurativos y representan simbólicamente al barrio y al alma castellana, otros son realistas y nos trasmiten un mensaje donde se aúnan pasado presente y futuro.


Este articulo fue publicado el 20 Diciembre 20Europe/Madrid 2019 a las 9:05 am y esta archivado en Cultura. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

1 Comentario

  1. Diciembre 20, 2019 @ 10:06 am


    ¡Jo! ¿Cómo se pueden ver tantas cosas en un mural? Pues sí qué es un artista el articulista, si. Felicidades a los dos. Al pintor y al escritor.

    Escrito por Fermín

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