Por Antonio Adeliño Vélez | Diciembre 29, 2018 - 0:37 am - Publicado en Es Noticia

Getsemaní en La Aguilera con antiguos alumnos del colegio Sagrada Familia

Getsemaní en La Aguilera con antiguos alumnos del colegio Sagrada Familia

Antonio Adeliño Vélez. La próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) se celebrará desde el día 22 al 27 de enero de 2019 en la ciudad de Panamá. La JMJ es un encuentro internacional de jóvenes de todo el mundo en torno al Papa que organiza cada dos o tres años la Iglesia Católica.

Rezando en La Aguilera con una familia de antiguos alumnos del colegio Sagrada Familia

Rezando en La Aguilera con una familia de antiguos alumnos del colegio Sagrada Familia

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La Iglesia suele preparar con esmero estos eventos que convocan a miles de jóvenes porque son un semillero importante de vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada, y al matrimonio cristiano. Y como muestra se trascribe el testimonio de la joven Marta García-Fog, en religión Hermana Getsemaní, del Instituto religioso Iesu Communio, publicado en el diario La Razón con motivo del aniversario de la JMJ del año 2011 celebrada en Madrid, donde relata su llamada a la vida contemplativa después de acudir en el año 2008, a la JMJ de Sídney (Australia).

Introducción

Quizás nos parezca raro que a estas alturas de la historia, puedan existir conventos y monasterios de de frailes y monjas contemplativas, cuyos moradores se dediquen día y noche a la oración continuada por el mundo en general y donde singularmente se recoge el lamento, el dolor, y la esperanza de quienes se confían a su intercesión. Es más, alguien podrá pensar que esas cosas, eran propias de la edad media y que en los tiempos modernos, no es acertado, ni adecuado, ni oportuno.

De ahí que se hagan necesarias unas reflexiones a modo de introducción para que se comprenda mejor el testimonio de esta monja, pues pudiera entenderse su relato como una revelación mística, y no como la culminación de un proceso vocacional larvado, que irrumpe con fuerza en la JMJ de Sídney.

Con Benedicto XVI  y religiosa de otras Congregaciones

Con Benedicto XVI y religiosas de otras Congregaciones

Afirma el refranero que: “Donde no hay mata no hay patata” que quiere decir que las cosas no suceden por casualidad, ni responden a un arrebato emocional; de tal modo que si los acontecimientos han sucedido de una determinada manera, es porque hay detrás un sustrato labrado que ha propiciado que germine la semilla, emerja la planta, y dé el fruto esperado.

Por tanto, que una chica joven, bien parecida, con carrera y trabajo de enfermera, se plantee renunciar a un futuro prometedor en la sociedad civil, y decida optar por la vida religiosa en una comunidad contemplativa, cuya misión es rezar para que ningún alma se pierda; no sucede por casualidad, ni responde a un arrebato de locura momentáneo, sino que corresponde a una decisión meditada y sopesada durante mucho tiempo.

Aún así, el lector puede desconcertarse cuando vea escrito que la joven Marta, acude sin fe a la JMJ de Sídney y vuelve con una invitación a seguir a Jesucristo; porque las clarividencias no suceden de repente y son más bien, la salida de una larga noche oscura del alma o la culminación de una penosa travesía del desierto. Así pues, ha de entenderse que nuestra interlocutora, se embarcó en una aventura de búsqueda, cargada de muchas dudas, y que encontró en aquel viaje, la respuesta a sus inquietudes existenciales y a los deseos de su corazón.

Indudablemente, el crecimiento en una familia cristiana que acude a la misa dominical y apunta a sus hijos a la catequesis para recibir los sacramentos de comunión y confirmación, o la educación católica recibida en el colegio Sagrada Familia regentado por religiosos; fueron determinantes para su posterior integración en un grupo parroquial de jóvenes que preparan el encuentro con el Papa, celebrando la fe en su parroquia. Porque si no se conoce a Jesús y no se cree en Él, no se puede experimentar su presencia, y menos aún, producirse una entrega generosa para seguirle en algún modo de apostolado (carisma) aprobado por la Iglesia.

Marta intuyó la llamada en Sídney, y como su homónima del Evangelio (Lucas 10, 38-42) estaba dispuesta a servir a Jesús en las misiones. Su preparación académica era la más idónea para unirse a las Misioneras de la Caridad, pero antes de abandonar Australia, un aldabonazo sacudió su corazón. Ante la trágica muerte de un suicida, una frase resuena en su cabeza: A donde tú quieres llegar no llega la enfermería, si no la oración. Descubre entonces que los planes de Dios son otros. Marta debe variar su misión y debe colocarse junto a María de Betania para servir de otro modo a Jesús en el hermano. Tanto es así, que incluso cambia su nombre y pasa a llamarse Getsemaní, para velar y orar con el fin de que nadie se pierda.

Testimonio

¿Qué hacía una chica como yo en la JMJ?
Fui a la JMJ de Sídney 2008 sin fe y volví con una invitación del Señor: “Véndelo todo y sígueme”. ¿Qué hacía una chica como yo en la JMJ? Solo unos meses antes había conocido la Iglesia, el único lugar donde se me dijo: “No te conformes, existe lo que buscas, ¿por qué no lo intentas?”

Aunque deseaba un amor limpio, verdadero y puro, trataba de conformarme con un placer sucio, momentáneo y barato. Me empeñaba en alcanzar la felicidad por un camino que solo me proporcionaba una diversión fugaz. Y la libertad… ¿acaso se podía ser libre en una sociedad que me dictaba cómo vestirme, dónde comprar, a qué lugares ir y qué debía consumir? ¿Quizás fuese solo un sueño de niña? Sueños muy grandes para una realidad tan pequeña. Siempre, al final, me veía frente al vacío, el sinsentido, y la frustración. ¿Por qué? ¿No tenía todo lo que podía desear: dinero, novio, la satisfacción de un trabajo como el de enfermera que tanto me gustaba, una familia preciosa…? Sin embargo me faltaban las ganas de vivir.

Algo cambió en aquel encuentro de la JMJ. Yo, una joven española, en la otra punta del mundo encontré lo que hacía tiempo buscaba: jóvenes cristianos que se divertían sanamente, miradas limpias de chicos, una amistad que no pretendía poseerte, jóvenes que “pasaban” de las etiquetas con las que algunos pretendían desacreditarlos, jóvenes convencidos de que solo Cristo daba respuestas verdaderas a la vida. E inmediatamente se me presentó un fantasma: ¿No será una experiencia pasajera, fugaz, sin duda más agradable y bella que otras, pero que se desvanecerá cuando concluyan estos días de encuentro?

En el Escorial con Benedicto XVI

En el Escorial con Benedicto XVI

No sé cómo ocurrió, pero fui a la capilla y creí. Me arrodillé y pregunté: “Señor, ¿qué quieres de mí?”. Una hora después tenía la respuesta en mi mano. Una misionera de la caridad me regaló un papel con una frase que decía: “Sé solamente de Jesús a través de María”. Una pregunta me asaltó: ¿Yo, en la vida religiosa? Mil dudas inundaron mi cabeza, pero en mi corazón ya reposaba la certeza de que Él era a quien yo estaba buscando, solo Él daba respuesta a mis interrogantes más hondos. Me dije: “Sí, Señor, te entrego mi vida pero en las misiones”. Sin embargo, con Dios, como decía la Madre Teresa, no hay ‘peros’ que valgan. Desde luego mis caminos no eran los suyos: yo pensaba ser del Señor sin dejar la enfermería, pero Él me mostró que mi misión era otra… aunque más tarde descubrí que su designio para mí resultó ser lo que más deseaba.

Un día antes de salir de Australia, frente a nuestro hotel un hombre se tiró desde lo alto de un edificio, y una reflexión espontánea se apoderó de mi corazón: “A donde tú quieres llegar no llega la enfermería, sino la oración”. Yo, que trabajaba en oncología infantil, había experimentado de cerca que para encontrar el sentido de la enfermedad, del dolor, del sufrimiento, de la muerte no existe ninguna medicación. Conocí mujeres que sufrían angustiadas ante una gripe de sus hijos y también madres creyentes que afrontaban en oración, con fortaleza y ánimo el cáncer de sus bebés… A mí misma ¿no me salvó la oración? Dije: “Señor, de verdad, haz con mi vida lo que quieras”.

Tres meses después ingresé en el Instituto Iesu Communio, recientemente aprobado por el Santo Padre (*). En esta última Jornada de la Juventud, celebrada en Madrid, se me concedió el regalo de saludar como religiosa al Santo Padre, y echarme a sus pies en representación de mi comunidad, Iesu Communio, que quiere permanecer siempre postrada, fiel y obediente a la Madre Iglesia. Una mirada, un saludo, un gesto del Santo Padre puede cambiar la vida entera. Hoy puedo decir, como el joven rico, que a mí Cristo en su Iglesia me ha mirado con amor.

Llena de alegría en este camino de seguimiento a Jesucristo, quisiera concluir agradeciendo al Santo Padre su testimonio y enseñanza: “Cristo no quita nada, absolutamente nada, de lo que hace la vida libre, bella y grande”.

Gracias, Jesucristo; gracias, Madre Iglesia.
Hna. Getsemaní

(*) - Fecha de la JMJ de Sídney (Australia): del 15 al 20 de julio de 2008.
- Fecha de aprobación Iesu Communio por la Santa Sede: 8 de diciembre de 2010. Anteriormente fueron Hermanas Clarisas en Lerma (Burgos) pero la variación del carisma para la acogida de peregrinos en aquella comunidad, aconsejaron la fundación de una Institución religiosa nueva.


Este articulo fue publicado el 29 Diciembre 29Europe/Madrid 2018 a las 12:37 am y esta archivado en Es Noticia. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

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