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Agosto 30, 2019

Paones: ejemplo de restauración respetuosa con nuestro patrimonio

Escrito en: Cultura

Aspecto actual de la iglesia restaurada

Aspecto actual de la iglesia restaurada

Pedro Félix García. Las antiguas ruinas de la iglesia de San Pedro Apóstol, de Paones (Soria), afortunadamente han dejado de ser ruinas y se han transformado en un encomiable ejemplo de restauración respetuosa de unos vestigios románicos que han logrado sobrevivir a severas transformaciones y al duro y cruel abandono sufrido en tiempos más modernos.

Aspecto ruinoso antes de la restauración

Aspecto ruinoso antes de la restauración

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No hace falta tener que ir hasta los tristemente famosos Ecce Homo de Borja o el San Jorge de Estella para encontrar pretendidas restauraciones de objetos valiosos que los degradaron hasta convertirlos en el hazmerreir más preocupante.

Afortunadamente, en Paones ha ocurrido lo contrario. Su antigua iglesia de San Pedro Apóstol constituye hoy una admirable muestra de un trabajo de restauración escrupulosamente respetuoso con lo restaurado; mejor dicho, con los restos del edificio restaurado, porque aquello antes de emprenderse dicha restauración estaba en un estado muy calamitoso.

Arcos de la parte occidental del pórtico

Arcos de la parte occidental del pórtico

Nos hemos acercado hasta Paones con la sana intención de disfrutar de la contemplación de su iglesia románica, del siglo XII, que ha sido restaurada el año pasado. Paones es un pequeño pueblecito soriano, muy próximo a Berlanga de Duero, en donde en 2015 únicamente constaban censados tres habitantes, todos ellos varones. Cuando nosotros hemos acudido allí este mismo verano, sólo pudimos ver a un señor mayor sentado en una placita a la sombra de unos arbolillos bastantes jóvenes. Del interior de una casa que hay casi pegandito al ábside de la iglesia también escuchamos salir una voz femenina ofreciéndole galletas para desayunar a una supuesta tercera persona a la que no vimos ni de la que tampoco escuchamos su respuesta.

Nos quedamos sin saber si quiso las galletas pero, en cambio, si vimos cuanto quisimos -y fotografiamos desde fuera y desde dentro- los restos consolidados de la iglesia de Paones.

Arcos del lado oriental parcialmente tapiados

Arcos del lado oriental parcialmente tapiados

La de Paones es una pequeña iglesia románica de una sola nave y dos capillas laterales, que a punto ha estado de desaparecer completamente. Pero afortunadamente se ha conservado gracias a que han sido consolidadas sus ruinas que como hemos dicho, se encontraban ya en un estado muy lamentable.

Al viajero profano en la materia que pase por allí por pura casualidad, puede que le parezca sorprendente el aspecto que hoy ofrece este templo, pues da la impresión de haberse restaurado mal o a medias.

Unos listones verticales de madera separan del pórtico situado al sur lo que debió ser el interior de una iglesia actualmente falta de techumbre. A los pies del templo, un coro accesible para el visitante denota a las claras que ha sido construido muy recientemente. Otro tramo del pórtico se halla extrañamente tapiado y parece que sus cuatro arcos están pidiendo a gritos ser dejados al descubierto. Sin embargo, todo este aparente despropósito tiene su explicación apoyada en una restauración exquisitamente cuidadosa con el pasado. Se ha procurado que resultase muy evidente la diferencia entre lo que es verdaderamente antiguo y lo que es de factura moderna.

Estas vigas verticales ocupan el lugar en que antes estuvo la pared sur de la iglesia

Estas vigas verticales ocupan el lugar en que antes estuvo la pared sur de la iglesia

Las vigas verticales de madera -convenientemente tratadas para resistir la intemperie-, se han instalado únicamente para que el visitante se haga idea del lugar que ocupaba el muro sur del templo, sirviendo de separación entre el templo propiamente dicho y la galería porticada.

La restauración es muy reciente; data de 2018. Fue dirigida por la autora del propio proyecto de recuperación y consolidación de los restos ruinosos, la arquitecta doña Laura López González.

Antes, en 2016, se había derrumbado el viejo muro sur original y ese grave percance hizo que, por fin, les remordiese la conciencia a los responsables de la Junta de Castilla y León y optasen por atajar los más que previsibles nuevos derrumbes sucesivos.

Recreación del coro para que el visitante suba y pueda hacerse idea de cómo se veía el templo desde allí

Recreación del coro para que el visitante suba y pueda hacerse idea de cómo se veía el templo desde allí

Por tanto, una ruina muy avanzada y progresiva fue el punto de partida al que tuvieron que enfrentarse los restauradores, como bien se aprecia en una de las fotografías adjuntas. Era como para desanimar al más entusiasta amante de la buena conservación de nuestro patrimonio. Para colmo -según nos cuenta Laura- cuando empezaron los trabajos, incluso algún lugareño les animaba a que acabasen de derribar todo lo que quedaba en pie para evitar así evidentes peligros.

La iglesia de San Pedro Apóstol de Paones ha sufrido notables intervenciones que la han ido transformando de manera importante a lo largo del tiempo. Como es la que sufrió la parte más oriental del antiguo pórtico, que hoy vemos parcialmente tapiado. Con el agravante de que ya no es posible dejar esos cuatro arcos diáfanos porque se derrumbaría todo el conjunto si tal pretendiéramos hacer. En su día se cegaron esos arcos para que resistiesen mejor el peso de una nueva estancia que se construyó sobre la capilla lateral derecha. Sólo se ha podido dejar a la vista la cara sur de los capiteles, los cuales se conservan en el mismo sitio en que fueron colocados en el siglo XII.

En cambio, los otros tres capiteles de la zona occidental del pórtico -la que está despejada- han sido colocados aleatoriamente por los propios restauradores después de que tuvieron que irlos rescatando con paciencia pues -tanto fustes como capiteles- se hallaban diseminados por toda la localidad formando parte de tapias de gallineros y corrales. La antiquísima pila bautismal que hoy podemos ver a los pies de la nave, hubo que traerla hasta aquí desde la plaza del pueblo.

Pila bautismal de estilo románico

Pila bautismal de estilo románico

La moderna plataforma de madera -provista de cómoda escalera de acceso- situada a los pies de la nave, sólo pretende invitar al visitante a contemplar el recinto desde la misma perspectiva que antiguamente podía verse desde el hoy desaparecido coro.

Del antiguo arco triunfal románico que daba acceso al presbiterio ya no queda ni rastro; fue derribado en el Medievo y sustituido por este otro arco de medio punto que vemos ahora, intervención que se hizo para que los fieles de entonces pudiesen ver mejor tanto el altar como un retablo que allí hubo en su día. En el susodicho presbiterio aún pueden observarse restos de pinturas murales en las que predominan los colores azules y ocres.

También en el presbiterio, en el lado del evangelio, hay un arquillo ciego, que debió tener su homólogo simétrico en el lado sur, pero que desapareció cuando se construyó en ese lugar una amplia puerta de acceso a una sacristía adosada que se añadió en el siglo XVIII.

Todas las intervenciones que fueron transformando tan irreversiblemente la primitiva iglesia románica, se realizaron a partir del siglo XV. Las capillas laterales datan del siglo XVII.

Presbiterio contemplado desde lo alto del coro

Presbiterio contemplado desde lo alto del coro

De la pared norte del templo, muy cerca de donde hoy está la pila bautismal, todavía sobresalen unos viejos muñones de madera, únicos restos de las vigas que soportaron en su día el órgano que hubo en esta iglesia, particularidad poco común (la presencia de un órgano) y que nos indica que esta iglesia fue verdaderamente importante.

Hasta nuestros días ha conseguido sobrevivir en bastante buen estado el bello ábside románico de finales del siglo XII, de planta semicircular y que está construido con esmerada sillería. Está dividido en cinco paños, separados por cuatro columnas sostenidas por ménsulas decoradas. En su eje oriental se encuentra una estrecha ventana abocinada que daba luz al interior de la cabecera del templo. Los canecillos que sostienen la cornisa son de factura muy sencilla y las metopas tampoco están decoradas.

Conviene que el lector sepa que estos restos románicos son fácilmente visitables; siempre están abiertos de par en par al público. La visita es libre y gratuita. Para eso se han restaurado; para que los vea todo el que quiera verlos y disfrutarlos. El día que acudimos a tomar las imágenes que acompañan a estas líneas, nuestra presencia únicamente importunó la tranquilidad de un joven pichón que se encontraba a la sombra del presbiterio y que huyó sobresaltado al aproximarnos. Sólo la soledad y el silencio ocupan de modo permanente este apacible e interesante lugar.



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