Por Antonio Adeliño Vélez | Abril 14, 2017 - 1:28 am - Publicado en Cultura

Antonio Adeliño Vélez. Estamos inmersos en la Semana Santa. La manifestación más importante del calendario cristiano, donde se celebra el Triduo Pascual y se conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Un acontecimiento que ya la Iglesia primitiva, sintió la necesidad de recordar anualmente, mediante una liturgia que actualizase (memorial) el hecho liberador de la esclavitud del pecado y de la muerte que éste acarrea.

Fotografía: Arturo Sanz Martín | Procesión de la Resurrección

Fotografía: Arturo Sanz Martín | Procesión de la Resurrección

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La imaginería religiosa que sale a las calles de pueblos y ciudades, nació para hacer comprensible a los fieles, la liturgia y el dogma; dado los escasos conocimientos teológicos de la época, aunque ahora no estamos mejor que entonces. Pero abundan las imágenes que relatan la pasión y muerte de Jesucristo y escasean las representaciones del Señor resucitado; por lo que Aranda de Duero constituye una honrosa excepción, al no quedarse en el viernes santo y procesionar en la mañana del domingo de Pascua a un resucitado que torna en alegría el luto de una madre compungida. Porque la clave de la fe cristiana está en la resurrección.

Desde los postulados racionalistas es difícil creer en la resurrección. El propio san Juan que estuvo presente en la crucifixión y fue testigo de la muerte y sepultura del Señor, nos dice en el evangelio que hasta que no llegó al sepulcro en la mañana del domingo, no entendió lo que dice la Escritura: “Que Él había de resucitar de entre los muertos” (Jn 20,19). ¿Por qué en la puerta del sepulcro, el joven discípulo vio y creyó? Porque la tumba estaba vacía y la sabana con las vendas en que había envuelto al Maestro el viernes, se hallaban desinfladas en el suelo. Nadie podía haberse llevado el cadáver sin romper, desatar o desliar, la mortaja.

La Resurrección es prueba de la autoridad divina y del poder sobre la muerte de Cristo. Por eso no debemos quedarnos en el viernes santo; hay que celebrar, al anochecer del sábado, la Vigilia Pascual. Sé de antemano que no tiene mucho predicamento recomendar la asistencia a la Vigilia Pascual, pero su liturgia es de tal magnitud, hondura y riqueza, que ningún creyente debiera perdérsela. Esa noche, la Iglesia (asamblea de creyentes), espera y celebra el sublime acontecimiento de la alborada de Pascua, y entona con júbilo el cántico de el Gloria y el Aleluya para manifestar la alegría de un acontecimiento histórico y trascendente inenarrable, que proclama un mensaje de esperanza en la propia resurrección.


Este articulo fue publicado el 14 Abril 14Europe/Madrid 2017 a las 1:28 am y esta archivado en Cultura. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

2 Comentarios

  1. Abril 14, 2017 @ 9:27 am


    Muy apropiado el artículo para la semana que celebramos. Felicito a la Dirección de la Revista por la pluralidad de informaciones, artículos e ideas que se publican.

    Escrito por Karen
  2. Abril 17, 2017 @ 10:04 am


    Muchísmas gracias Karen. Intentamos que en nuestro Medio tengan cabida todas aquellas aportaciones e informaciones que puedan ser de utilidad para el lector y siempre, desde el respeto y la pluralidad. Por lo que aprovechamos su amable comentario para animar a todos aquellos que lo estimen oportuno, a participar - también - en ésta labor diaria.

    Escrito por Redacción

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