Por Pedro Félix García García | Diciembre 6, 2016 - 1:08 am - Publicado en Cultura

Museo de Cosas Antiguas

Museo de Cosas Antiguas en Basconcillos del Tozo

pedrofelixgarcia Museo etnográfico de Félix Arroyo en Basconcillos del Tozo

Pedro Félix García. Esta es una revista cultural, y cultura es preservar nuestro pasado, evitar que se pierda en el olvido, mantener vivo y tangible todo aquello que conocimos y hemos dejado ya de usar. Y que ahí quede para conocimiento y disfrute de quienes vengan detrás.

Es asombroso qué grandes ‘tesoros’ podemos hallar en los sitios más insospechados e ignotos de nuestra geografía. No sólo los grandes museos guardan objetos que merecen conservarse; también podemos encontrarlos en pequeños pueblecitos, amontonados -más que expuestos- en locales no siempre idóneos, pero guardados al fin y al cabo. Y accesibles al gran público en general, lo cual siempre es importante.

 Motobecane con motor de 175

Motobecane con motor de 175

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Traemos hoy a estas páginas el encantador “Museo de Cosas Antiguas” que Félix Arroyo tiene instalado en Basconcillos del Tozo, un pequeño pueblecito burgalés, de alrededor de 300 habitantes, situado al noroeste de la provincia, a menos de 50 kilómetros de la capital y al borde de la carretera N-627, que une Burgos con Aguilar de Campoo.

Mecánico y herrero ya jubilado, e hijo del que, antaño, fue también mecánico y herrero de Basconcillos del Tozo y de su comarca, Félix Arroyo ha ido reuniendo a lo largo de su vida multitud de ‘cosas’ de muy diversa índole, unas relacionadas con su oficio y otras no.

Y todo se exhibe en un singular y abigarrado ‘museo’, propiedad de Félix Arroyo, quien lo tiene abierto al público curioso y que es de acceso gratuito, aunque dentro hay visible una hucha para recoger las aportaciones voluntarias que quieran dar libremente los visitantes como ayuda al sostenimiento de este sitio. El Museo es fácilmente localizable dentro de la pequeña localidad de Basconcillos del Tozo, no sólo porque se encuentra situado en una de las arterias principales, sino también por las figuras de forja y la vieja motocicleta oxidada que se exhiben ostensiblemente sobre la barandilla que hay en la fachada.

Surtidores de gasolina

Surtidores de gasolina

Nos recibirá un viejo automóvil Ford, matrícula BU-2065, cuyo motor, Félix Arroyo, orgullosamente arrancará -a la primera- ante nosotros. Aparcado en paralelo junto a él se encuentra un Fiat Balilla, y un poco más allá un más ‘moderno’ Renault 4/4. Al fondo de esa pequeña nave llamará nuestra atención un carruaje que, pese a su aspecto antiguo, es de fabricación relativamente reciente. Lo construyó el propio Félix Arroyo a finales del siglo pasado, copiándolo directamente de un modelo original que hay en la ciudad de Córdoba.

Aperos de labranza, vajillas, cochecitos para bebés de la primera mitad del siglo XX, bicicletas, libros infantiles, y multitud de otros objetos reposan en aparente desorden aquí junto a una máquina de escribir alemana, marca Mignon, fabricada en 1904, de rodillo, que todavía escribe perfectamente.

En otra nave, multitud de máquinas de coser acompañan a un buen número de viejas motocicletas, OSSA, Guzzi, Lube,…; sobresale una Motobecane con motor de 175 c.c. y tracción por correa, fabricada en 1922.

En otra nave contigua, infinidad de llaves de forja acompañan a una buena colección de sifones, y todos ellos a un tractor agrícola, de ruedas metálicas, marca Fordson, fabricado en 1919. Aparcado a su lado otro tractor Massey-Harris, modelo Pony, de ruedas de goma.

Tractores Agrícolas

Tractores Agrícolas

Algunas de las piezas expuestas en este particular museo están a la venta. Tal ocurre -porque hay dos piezas casi iguales- con uno de los dos viejos surtidores de gasolina exhibidos. Datan de la primera mitad del siglo XX, de 1937 concretamente, donde prestaron servicio en Villarcayo hasta que el avance tecnológico los jubiló. Están en perfecto estado de funcionamiento. Disponen de una bomba de accionamiento manual y, en su parte superior, de sendos recipientes transparentes de cristal, de cinco litros de capacidad cada uno. Mediante una manivela accionada a mano, por aspiración, el encargado de la estación de servicio, iba llenándolos alternativamente uno y otro, bien a la vista del conductor. Luego, los recipientes, también de modo sucesivo, iban descargando por gravedad su contenido en el depósito del automóvil que se hubiera acercado a repostar; suministrando cantidades de carburante siempre múltiplos de cinco.


Este articulo fue publicado el 6 Diciembre 06Europe/Madrid 2016 a las 1:08 am y esta archivado en Cultura. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

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