Por Antonio Adeliño Vélez | Marzo 26, 2013 - 10:40 am - Publicado en Es Noticia

Antonio Adeliño Vélez. El día 11 de febrero el Papa Benedicto XVI, anunciaba su renuncia al Ministerio Petrino, que sería efectiva el día el día 28 del mismo mes a las ocho de la tarde, momento en que comenzaría el periodo de sede vacante.

El Santo Padre tomaba esta decisión libre y voluntariamente, ocho años después de haber sido elegido por el Colegio Cardenalicio como sucesor de San Pedro, al verse limitado por los impedimentos propios de un anciano de 86 años.

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A la sorpresa inicial, le siguió un sentimiento de inmensa gratitud hacia el más humilde de los Pontífices y hacia uno de los más insignes teólogos y pensadores de este periodo histórico. Convencido de sus limitaciones y acostumbrado a derrochar energías trabajando en la viña del Señor; ha prestado un último servicio al Pueblo de Dios, facilitando la llegada de quien pueda empuñar con brazo firme el timón de la barca de Cristo.

La barca de Jesucristo continúa su singladura a través de la historia”.

El gesto valiente, generoso y humilde, le honra sobremanera, si se compara con la actitud soberbia y de apego al poder que manifiestan los dirigentes mundanos.

Antes de retirarse, el Papa emérito, promulgaba un decreto que acortaba los plazos establecidos para elegir a su sucesor, y el día 12 de marzo, el Colegio Cardenalicio se reunía en cónclave con la misión de elegir a un Papa prudente que gobierne la Iglesia; sabio que enseñe a los fieles; y santo que rece por su grey. Al día siguiente, después de cinco votaciones, la fumata blanca y las campanas de la Basílica vaticana, proclamaban a los cuatro vientos la elección del Cardenal Jorge Mario Bergoglio como Obispo de Roma y Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.

El anillo del pescador y el palio pontifical, símbolos del gobierno en la Iglesia, se entregaban el martes día 19 de marzo al Papa Francisco I, para que se encargue de enseñar, santificar y regir al Pueblo de Dios en su condición de sucesor del Apóstol San Pedro. Y lo hará con el talante de persona firme de convicciones y de trato afable sencillo y cercano.

La barca de Jesucristo continúa su singladura a través de la historia con un nuevo timonel. El mar embravecido en ocasiones y sin brisa que impulse las velas en otras; obliga a todos los cristianos a bregar según las indicaciones del nuevo Papa, para que la misión de anunciar el Evangelio a todo el mundo, se culmine con éxito.


Este articulo fue publicado el 26 Marzo 26Europe/Madrid 2013 a las 10:40 am y esta archivado en Es Noticia. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

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