Por Cruz Varela | Mayo 5, 2015 - 10:33 am - Publicado en Opinión

José-Tomás Cruz Varela. Si existe un colectivo en España que ha quedado francamente perjudicado desde el comienzo de la crisis en el 2007, es el de esos cientos de miles de jóvenes, muchos de los cuales, con el tremendo esfuerzo económico de sus padres, han cursado brillantemente sus carreras universitarias, realizado uno o varios masters, aprendido otro idioma, pero viviendo en un permanente estado de frustración al sentirse incapaces de encontrar un empleo y comprobando como transcurren los años.

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Condenados sin la menor culpa, invierten su tiempo cursando infinidad de solicitudes a empresas, enviando C.V. a todos los portales de empleo, redes sociales, recurriendo a contactos, pero siempre con el mismo resultado y similar contestación: “en estos momentos no tenemos previsto ampliar la plantilla, etc. etc” Y todo ello sin plantear la más mínima exigencia en cuanto a horario, puesto a desempeñar o retribución. Esa y no otra es la auténtica y cruel realidad del panorama de empleo español, quedándoles como único recurso el emigrar al extranjero donde estén dispuestos a ofrecerles un puesto de trabajo a cambio de un sueldo medianamente digno.

Tal situación ha originado que la figura del “emprendedor” haya cobrado especial trascendencia como posible solución para intentar sobrevivir, independizarse y dejar de ser un lastre para los suyos. Dicho recurso, plagado de dificultades, implica plantearse un programa de vida totalmente distinto, bien creando una empresa o aprovechando sus conocimientos profesionales o intelectuales. Son diversas las definiciones para calificar este tipo de actividad, si bien en todos los casos se identifican con aquella persona o grupo que partiendo de una idea pretenden convertirlo en un proyecto concreto que resulte rentable y con ciertas expectativas.

Como características afines que distinguen a este segmento de creadores, destacan la inquietud y un talento innovador que consiguen que las cosas sucedan. Normalmente se mueven por objetivos claros, gran tenacidad y entrega. Son inquietos e imaginativos pero anclados a la realidad. Persiguen su independencia, saben escuchar y aprenden con facilidad dosificando el esfuerzo, pero por encima de todo poseen un enorme afán creativo dedicándole todo el tiempo necesario para afrontar el desafío.

Las citadas cualidades recogidas en los párrafos anteriores, encajan perfectamente con el criterio y personalidad de dos jóvenes, Antonio, próximo a licenciarse en Economía y Tarek, gran profesional de la hostelería, quienes el pasado día 30 de abril, tras dedicarle varios meses a madurar su iniciativa, inauguraron un atractivo restaurante-marisquería, cómodo, espacioso, con una decoración agradable y dotado de una terraza envidiable. “a Babor”, que así se llama el nuevo establecimiento, está situado en una zona residencial de Málaga, denominada Cerrado de Calderón. Nada nuevo aparentemente pero con una interesantísima y peculiar ventaja para el público, pretendiendo ofrecer la mejor calidad, elaboración y servicio pero con unos precios muy reducidos, sacrificando margen de beneficio a cambio de compensarlo con un considerable volumen de clientes, que lógicamente beneficiará a los consumidores.

Para materializar su proyecto, cuya andadura comenzó el pasado 1 de mayo, han invertido todos sus ahorros, colaboración familiar y financiación como cualquier empresa, habiendo creado ocho nuevos puestos de trabajo, algo que en estos críticos momentos merece el mayor de los reconocimientos, colaboradores a los cuales han formado inculcándoles su concepto del trabajo y cultura de empresa.

Es menester que por parte de la Administración y distintos estamentos oficiales, presten mayor colaboración e incentiven este tipo de iniciativas con más ayudas y facilidades en cuanto a impuestos y cargas se refiere. Que nadie se equivoque, no son los políticos quienes crean los puestos de trabajo, sino nuestros esforzados medianos y pequeños empresarios como el caso que nos ocupa, entre los que se encuentran Antonio y Tarek con la esperanza de que cunda el ejemplo. No olvidemos que Málaga, por sus especiales características, dotada de una climatología única y un cosmopolitismo incomparable donde nadie se siente forastero, es una ciudad envidiable reconocido por los millones de turistas nacionales e internacionales que anualmente la visitan y con infinitas posibilidades de cara al futuro.


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