Por Pedro Félix García García | Agosto 18, 2017 - 8:01 am - Publicado en Cultura

Algo así debió ser este lugar en el siglo XVI

Algo así debió ser este lugar en el siglo XVI

Pedro Félix García. Hace precisamente ahora alrededor de 500 años que estas hoy silenciosas y solitarias ruinas hervían de bullicioso ajetreo en plena construcción de su iglesia.

Así está hoy el Monasterio de la Armedilla

Así está hoy el Monasterio de la Armedilla

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Dentro de nuestra Comunidad de Castilla y León, pero fuera de esta provincia, aunque bastante cerquita de Aranda. Las ruinas del Monasterio de la Virgen de la Armedilla se hallan muy al sur de la provincia de Valladolid; situadas a algo menos de cuatro kilómetros al norte de la localidad de Cogeces del Monte. Desde Aranda se llega hasta allí por la carretera N-122; esa carretera que, en un futuro todavía demasiado lejano, puede que quizás acabe transformándose finalmente en la tan necesaria y deseada ‘Autovía del Duero’.

En Peñafiel hay que desviarse al sur hacia Cogeces y desde aquí torcer a la derecha, al norte, hacia Quintanilla de Onésimo. A mitad de camino entre Cogeces y Quintanilla aparecerá de repente a nuestra derecha la esbelta espadaña anunciándonos que ya hemos llegado ante las ruinas del Monasterio de la Armedilla.

Quien lo prefiera, puede continuar desde Peñafiel por la N-122 hasta Quintanilla de Onésimo y girar allí en dirección sur hacia Cogeces. En este caso encontraremos La Armedilla al borde izquierdo de la carretera.

Carretera que, en cualquier caso, es estrecha, con curvas, y de firme ondulado; no es para correr demasiado.

Ha sido arrancada la portada del acceso al templo

Ha sido arrancada la portada del acceso al templo

Al llegar a las ruinas del Monasterio de la Armedilla, saltan muy a la vista los intentos de consolidación de dichas ruinas llevados a cabo en fechas recientes, tratando de evitar así que continuasen los derrumbes. Es muy evidente -casi ostentosa y digna de elogio- la diferencia de color y de calidad de los materiales empleados en las obras de consolidación de estas ruinas, marcando exageradamente la diferencia con el aspecto y textura de los muros originales. Fácil hubiese sido imitar lo antiguo, pero entonces se hubiera falseado la historia. Nos parece muy acertada la decisión adoptada en las tareas de consolidación para que no le quepa duda al visitante sobre cuáles son las verdaderas paredes que han sobrevivido hasta hoy.

En la fachada sur de la iglesia, todavía se yergue una vistosa espadaña, vacía hoy de campanas, pero conservando aún labrado en todo lo alto -aunque bastante desgastado por el paso del tiempo y las inclemencias atmosféricas- el escudo de los duques de Alburquerque, señores de Cuéllar y patronos del Monasterio de la Armedilla.

La mayor parte de las ruinas que hoy vemos, son restos de construcciones y reformas que datan de principios del siglo XVI. Esta iglesia fue construida entre los años 1511 y 1552, dándose en ella una mezcla de estilos tardogótico y renacentista. Su planta es de cruz latina, con una sola nave de cuatro tramos y cabecera plana, cubierta por bóvedas estrelladas, de las que todavía es posible contemplar una pequeña y única muestra que se sostiene casi milagrosamente en pie rematando lo que debió ser una capilla lateral.

Aspecto actual del interior de la iglesia

Aspecto actual del interior de la iglesia

Antes que ésta, hubo otra iglesia en el siglo XV, que comunicaba a través de unas escaleras con una gruta en la que, cuentan que, unos pastores descubrieron casualmente una imagen de la Virgen, convirtiéndose desde entonces este sitio en un lugar de fervorosa peregrinación mariana. Parece ser que, en el siglo XII, el Concejo de Cuéllar (Segovia) encargó el cuidado de este lugar al Monasterio de San Juan y Santa María, de Sacramenia (Segovia), de la Orden del Císter, no habiéndose encontrado más datos ciertos documentados hasta el siglo XV, cuando don Fernando de Antequera, señor de Cuellar, donó este sitio a los monjes Jerónimos de La Mejorada de la Olmeda, para que fundasen aquí un monasterio.

Dada la gran afluencia de peregrinos que acudían a venerar la imagen de la Virgen, se decidió que la primitiva gruta que, hasta ese momento se encontraba al cuidado de un ermitaño, fuese transformada en una pequeña capilla de carácter semirrupestre y de gusto gótico, cuyos humildes restos aún es posible contemplar hoy día. Simultáneamente fueron construyéndose albergues para alojar a los peregrinos y una iglesia situada sobre la primitiva cueva, estando ambas comunicadas por una escalera. A lo largo del siglo XV fue construido un claustro, de tres pisos, que daba acceso a las diversas dependencias; celdas para los monjes, hospedería, panadería, botica, refectorio, cocinas, biblioteca, almacenes…, para culminar en este templo cuyos restos han conseguido sobrevivir hasta nuestros días.

Única bóveda que permanece aún en pie

Única bóveda que permanece aún en pie

Hasta tal punto alcanzó gran importancia este monasterio, que llegó a disfrutar de agua corriente en sus celdas, pues contaba con una eficaz red de abastecimiento de agua a través de diferentes estanques dispuestos a diferentes alturas, atarjeas y canales de barro cocido.

Entre los siglos XV y principios del XIX, el Monasterio de la Armedilla vivió dulces épocas de gran esplendor.

Pero luego llegó la tristemente tan famosa y devastadora ‘Desamortización de Mendizábal’; Juan Álvarez Mendizábal, ministro de Estado, de Hacienda, de la Guerra y de la Marina, a las órdenes de María Cristina de Borbón. Se ordenó la expropiación forzosa -así por las bravas y con la disculpa de pretender modernizar las estructuras agrarias- de todos los bienes de la Iglesia, lo que degeneró en tantos e irreparables destrozos al Patrimonio artístico español. Así, en 1835 se abandonó definitivamente el Monasterio de la Armedilla, pasando a ser propiedad de diversos particulares, provocando con ello la dispersión de los bienes muebles y la progresiva ruina del conjunto.

Restos de la primitiva capilla semirrupestre

Restos de la primitiva capilla semirrupestre

Conviene mencionar que, tras la funesta y dañina desamortización, las piedras del Monasterio de la Armedilla, fueron sirviendo descaradamente de cantera para construcciones modernas en otros muchos pueblos del entorno y también lejanos. Algunas piezas corrieron mejor suerte. El retablo que presidía el altar mayor, se encuentra hoy en la iglesia de Nª Sª del Manto en la localidad de Riaza; rememora esencialmente escenas de la vida de San Jerónimo. La bella portada de estilo renacentista que tenía en su fachada oeste bordeando la puerta de acceso a la iglesia, tras haberle sido arrancada cruelmente, se exhibe hoy en la Casa de Cervantes, en Valladolid. Las imágenes esculpidas en su tímpano -representando una escena del ‘Llanto sobre Cristo Muerto’- han ido bastante más lejos; a Kansas (EEUU). Se sabe que, en los años veinte del pasado siglo XX, el claustro -o parte de él- se mantenía aún en pie. Hoy sólo perduran las trazas de sus cimientos y de algunas otras dependencias.

El Monasterio de la Armedilla conserva aún hoy cierto soplo de vida. Cada penúltimo sábado del mes de agosto se celebra en este lugar una concurrida romería. A media tarde y partiendo de la Iglesia de Nª Sª de la Asunción situada en Cogeces, la imagen de la Virgen de la Armedilla es llevada en alegre pero respetuosa procesión, con acompañamiento de dulzaineros, hasta las ruinas del monasterio, donde es oficiada una Eucaristía. A continuación todos los asistentes degustan pastas y limonada mientras actúa un conjunto musical amenizando el baile popular que se celebra en la explanada. Cuando empieza a anochecer, la procesión regresa con su imagen de la Virgen a Cogeces a la luz de las antorchas.


Este articulo fue publicado el 18 Agosto 18Europe/Madrid 2017 a las 8:01 am y esta archivado en Cultura. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

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