Por Redacción | Septiembre 1, 2026 - 9:50 am - Publicado en Cultura, Es Noticia

Redacción. Una antigua tonada leonesa, registrada por Alan Lomax en 1952, se convierte en el punto de partida para que compositores de todo el mundo creen nuevas obras. La gran final tendrá lugar el 7 de noviembre en Aranda de Duero.

Hay canciones que nacieron para ser cantadas y que, con el paso del tiempo, terminan encontrando nuevas formas de seguir viviendo. La música tradicional es también eso: memoria, identidad y un legado capaz de viajar de una generación a otra para convertirse, cada vez, en algo nuevo.

Con esa idea como punto de partida, la Fundación Lola Pérez Rivera ha convocado la III edición del Concurso de Composición “Música Tradicional para Nuevas Músicas”, una iniciativa que busca acercar la tradición a los creadores actuales y demostrar que una melodía popular puede ser, también hoy, el comienzo de una nueva historia musical.

En esta tercera edición, el reto parte de una tonada con una historia especialmente interesante: “A pasar el Trébole”. Los participantes deberán tomarla como inspiración para crear una composición original e inédita, pudiendo utilizar libremente su melodía, ritmo o texto y transformar su instrumentación según su propia visión artística.

Las posibilidades son tan amplias como la imaginación de cada compositor. Las obras podrán incorporar voz o prescindir de ella, recurrir a instrumentos tradicionales o contemporáneos e incluir elementos electrónicos y digitales. El objetivo no es reproducir la tradición, sino dialogar con ella y llevarla hacia nuevos territorios musicales.

Una canción que viajó desde 1952 hasta el presente

La elección de “A pasar el Trébole” no es casual. La tonada fue grabada en noviembre de 1952 por el prestigioso etnomusicólogo norteamericano Alan Lomax durante su trabajo de recopilación de música tradicional en España. En concreto, Lomax registró esta canción en la localidad leonesa de Castrillo de los Polvazares.

Más de siete décadas después, aquella grabación vuelve a cobrar vida desde una perspectiva completamente diferente: ya no como testimonio de una tradición musical, sino como materia prima para la creación contemporánea.

La tonada está recogida en el libro Alan Lomax en la provincia de León. Estudio y transcripción de las grabaciones, publicado en 2024 por la propia Fundación Lola Pérez Rivera y elaborado por Julia Andrés Oliveira, Carmen Teresa García Arroyo, Daniel Gutiérrez Gómez, Sergio Gutiérrez Rodríguez, Diogo Araújo Silva y Lucía Urones.

Así, el concurso establece un curioso puente entre dos momentos separados por más de setenta años: la labor de quienes se preocuparon por conservar y documentar la música que formaba parte de la vida cotidiana y la mirada de los compositores actuales, llamados ahora a reinterpretarla desde el siglo XXI.

Un concurso abierto a creadores de todo el mundo

El certamen está abierto a compositores de cualquier nacionalidad y edad, que podrán participar tanto de manera individual como en grupo.

El plazo para presentar las obras permanecerá abierto del 23 de septiembre al 14 de octubre. La inscripción se realizará a través del formulario habilitado en la página web de la Fundación Lola Pérez Rivera.

Formulario e información del concurso

Una vez cerrado el plazo y comprobado que las obras cumplen los requisitos establecidos, todas las composiciones recibidas serán publicadas en la web de la Fundación para que puedan ser escuchadas y valoradas por el público.

Será entonces cuando la creación musical dé paso a la participación ciudadana. Entre el 20 de octubre y el 2 de noviembre se desarrollará una votación popular que permitirá seleccionar a tres de los seis finalistas.

Los otros tres serán elegidos directamente por un jurado integrado por profesionales procedentes de diferentes ámbitos del mundo de la música.

Seis composiciones, una gran final en Aranda

La última etapa del concurso tendrá como escenario Aranda de Duero el 7 de noviembre, donde se celebrará un concierto abierto al público que pondrá el broche final al certamen.

Los seis finalistas deberán interpretar sus composiciones ante el jurado. Será entonces cuando las nuevas creaciones, nacidas todas ellas de una misma tonada tradicional, puedan mostrar las diferentes maneras en las que un mismo punto de partida puede convertirse en universos musicales completamente distintos.

El ganador recibirá un premio de 2.000 euros, mientras que el segundo clasificado obtendrá 1.500 euros y el tercero, 1.000 euros. Los tres finalistas restantes recibirán un premio de 500 euros cada uno.

En total, el concurso repartirá 6.000 euros en premios.

Pero más allá de la cuantía económica, la propuesta plantea un desafío especialmente atractivo: descubrir hasta dónde puede llegar una canción popular cuando cae en manos de un creador dispuesto a mirarla con otros ojos.

Tradición y creación contemporánea vuelven a encontrarse en Aranda

Como ya ocurrió en las anteriores ediciones, el concierto final será también el cierre de las Jornadas Prácticas del Ciclo “Música Tradicional & Música Actual”, que la Fundación Lola Pérez Rivera organizará los días 6 y 7 de noviembre.

Estas jornadas están dirigidas exclusivamente a músicos y profesionales del sector y alcanzarán este año su cuarta edición bajo el título “Todo es música: el sonido como esencia, la imagen como expresión”.

La programación se centrará en esta ocasión en otros elementos que forman parte de la tradición musical y que, en ocasiones, quedan en segundo plano frente a la propia melodía o la tonada. El sonido, la imagen y las diferentes formas de expresión serán abordados desde una perspectiva amplia, con la participación de destacados ponentes.

De este modo, la Fundación Lola Pérez Rivera vuelve a plantear la música tradicional no como algo detenido en el pasado, sino como un patrimonio vivo, capaz de inspirar, transformarse y seguir creando.

Y quizá ahí esté la esencia de este concurso: una canción de 1952, conservada durante décadas gracias al trabajo de investigadores y músicos, puede volver ahora a ponerse en circulación para que otros compositores la hagan suya.

Porque una melodía puede tener muchos años, pero mientras alguien vuelva a escucharla, reinterpretarla y convertirla en música nueva, la tradición continúa sonando.

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