Redacción. Durante semanas, el Centro Penitenciario de Burgos dejó de ser únicamente un lugar de cumplimiento de condenas para convertirse, también, en un improvisado plató de cine. Guiones, cámaras, interpretación y trabajo en equipo sustituyeron por unas horas a la rutina habitual gracias a un taller audiovisual en el que quince internos aprendieron cómo se construye una película desde cero.

La iniciativa, impulsada por la productora burgalesa Pelunosky Productions, buscaba acercar el lenguaje cinematográfico a los participantes a través de una experiencia completamente práctica. En lugar de limitarse a conocer la teoría, los internos se implicaron en cada una de las etapas de una producción audiovisual, desde la creación de la historia hasta el rodaje y el montaje.

Durante mes y medio, el grupo trabajó junto a los cineastas Diego Sebastián y Rocío Ramírez, descubriendo el funcionamiento de los distintos departamentos que intervienen en una película y experimentando en primera persona el valor de la coordinación y el esfuerzo colectivo.

Esa implicación terminó dando forma a “Condenados”, un cortometraje de acción, terror y ciencia ficción grabado íntegramente en el interior del centro penitenciario. Inspirada en el cine fantástico de los años ochenta, la historia plantea cómo un grupo de internos debe hacer frente a una amenaza inesperada, utilizando el género como vehículo para hablar de emociones, cooperación y superación.

Para Rocío Ramírez, una de las mayores satisfacciones fue comprobar la evolución del grupo durante el desarrollo del taller. Según explica, los participantes pasaron de la curiosidad inicial a sentirse plenamente implicados en el proyecto, aportando ideas y haciendo suyo el proceso creativo.

Más allá del resultado final, los responsables destacan que el verdadero objetivo era utilizar el cine como una herramienta educativa. El taller permitió desarrollar habilidades como la comunicación, la creatividad, la capacidad para resolver problemas y la toma de decisiones, al tiempo que mostraba la importancia de que cada integrante aporte su trabajo para sacar adelante un proyecto común.

Desde Pelunosky Productions defienden que el lenguaje audiovisual ofrece un espacio privilegiado para el aprendizaje y la reflexión. La experiencia vivida en Burgos refuerza esa idea y anima a la productora a seguir promoviendo iniciativas similares que combinen la creación cinematográfica con el componente social y educativo.

Con trabajos anteriores como CLICK o Tres gangsters y un ruso, la productora burgalesa continúa ampliando su actividad más allá de la producción audiovisual tradicional, apostando por proyectos en los que el cine se convierte también en una herramienta de formación, diálogo e inclusión.


Este articulo fue publicado el 27 Julio 27UTC 2026 a las 10:53 am y esta archivado en Cultura, Es Noticia. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

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