Por Antonio Adeliño Vélez | Noviembre 29, 2018 - 5:11 am - Publicado en Cultura

Antonio Adeliño Vélez. Doña Ruperta Baraya Aréstegui, egregia dama arandina, perteneció a una familia acomodada de finales del siglo XIX. Nació en Aranda de Duero (Burgos) en 1851, murió en Fitero (Navarra) en 1928 con 77 años, y fue enterrada en la ciudad de Burgos. Diez años más tarde, sus restos se trasladaron a la capilla del hospital de los Santos Reyes Magos de Aranda de Duero, hoy iglesia de Santo Domingo.

Iglesia de Santo Domingo

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Su padre fue coronel de la guarnición que en aquellos años, el gobierno de la nación mantenía en Aranda de Duero, y aquí se crió nuestra ilustre dama y desarrolló una importantísima labor social entre las personas menos agraciadas de la población. Esta inquietud caritativa quedó patente en sus disposiciones testamentarias, pues legó todos sus bienes al Hospital de los Santos Reyes de Aranda. El legado comprendía varios inmuebles, entre los que se hallaba el edificio de tres plantas y sótano de la Plaza Mayor número 13, donde estuvieron ubicados los Juzgados y la primera Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, y que hoy alberga varias dependencias municipales. También se incluyeron en la donación, varias joyas y 436.377 pesetas en metálico. Toda una fortuna para la época, pues el salario medio rondaba las 300 pesetas mensuales. (10 pts. diarias ó 6 cts. de euro).

La fundación del hospital de los Santos Reyes Magos, se remonta al siglo XVI, mediante una donación hecha el 4 de enero de 1530, antevíspera de la festividad de los Reyes Magos, por el obispo Pedro González Manso, de la diócesis de El Burgo de Osma, a la que perteneció Aranda hasta 1956. Aunque el proyecto se materializó en 1563, impulsado por el prelado sucesor, don Pedro Álvarez de Acosta, que financió con su patrimonio personal varias obras en Aranda, como el desaparecido convento de Sancti Spíritus frente al hospital; la cabecera de la ermita de la Virgen de las Viñas en el cerro de Costaján, o las aludidas obras de conclusión del hospital.

El patronato que administraba los recursos del hospital arandino, fue el encargado de emplear los bienes donados por doña Ruperta Baraya, y estos permitieron la transformación y modernización del viejo hospital, pasando de ser una especie de lazareto o asilo de enfermos pobres, a un centro hospitalario que incorporó las últimas innovaciones médicas de la época.

Después de la guerra civil, en el año 1940 se acomete por parte del patronato una remodelación importante del hospital. El alcalde de la villa, Bartolomé Blanco Bueno, presidente del patronato, prioriza la modernización del hospital; nombra director al doctor Bernardo Costales que además de adquirir nuevo material quirúrgico y de esterilización, organiza la zona asistencial en tres salas, dedicando la de mujeres a doña Ruperta Baraya, la de hombres al Obispo Acosta y la de heridos a la Virgen de las Viñas.

Conocido el testamento de doña Ruperta Baraya, el Ayuntamiento arandino en agradecimiento, puso su nombre a la conocida plaza de La Cadena, cercana al hospital, pero en 1931 pasó a denominarse plaza de la República, pasando el nombre de doña Ruperta Baraya a designar la calle donde se ubica el hospital, que se inicia en la actual plaza de la Cadena y que finaliza en la estación de ferrocarril El Montecillo.

Doña Ruperta Baraya Aréstegui, de feliz memoria, se puede considerar como una de las pioneras en la lucha por la igualdad de la mujer, pues figuraba en su testamento una cláusula según la cual, las camas que se crearan en el hospital de Aranda con su dinero, deberían ser en igual número para hombres que para mujeres. Queda dicho, y que quede también constancia de nuestro reconocimiento para esta egregia señora, de la que tan pocos recuerdos tenemos.


Este articulo fue publicado el 29 Noviembre 29Europe/Madrid 2018 a las 5:11 am y esta archivado en Cultura. Puedes suscribirte a los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu propia web.

1 Comentario

  1. Noviembre 29, 2018 @ 8:23 am


    Muchísimas Gracias don Antonio. Excelente artículo (una vez más). Es una pena que la implicación con Aranda de la Sra. Baraya se haya visto reducida a una placa del callejero local. Gracias por este excelente labor de investigación…. y por hacer merecida justicia a doña Ruperta.

    Escrito por Javi

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