Por Redacción | 1 Mayo, 2026 a las 8:50 - Escrito en Cultura, Es Noticia

Redacción. Hay meses que pasan casi sin dejar huella… y hay otros que se sienten desde el primer día. Mayo pertenece, sin duda, a estos últimos.

Con la llegada del quinto mes del año, algo cambia. La luz se alarga, el aire se vuelve más templado y los campos -y también las ciudades- empiezan a llenarse de color. No es casualidad que mayo sea conocido como el mes de las flores: es tiempo de vida, de renovación, de ganas de salir y de volver a disfrutar de lo sencillo.

Pero mayo no solo se ve… también se vive

Es el mes en el que las terrazas comienzan a llenarse, en el que los paseos se alargan sin mirar el reloj y en el que pequeños planes, casi improvisados, se convierten en grandes momentos. Un café al sol, una tarde en el parque, una escapada cercana… todo parece encajar mejor en este punto exacto de la primavera.

A lo largo de la geografía española, mayo también conserva un profundo vínculo con la tradición. Las cruces de mayo adornan plazas y rincones con flores y colorido, mientras que en muchos pueblos aún resuenan los “mayos”, esos cantos populares que celebran la llegada de la primavera y que forman parte de un patrimonio cultural que se transmite de generación en generación. Las romerías, por su parte, llenan caminos y campos de alegría, música y encuentro.

Son costumbres que, aunque en algunos lugares han cambiado con el paso del tiempo, siguen recordándonos algo importante: que mayo siempre ha sido un mes para celebrar la vida.

Mayo no necesita grandes acontecimientos para ser especial. Le basta con la promesa de los días largos, el perfume de las flores y esa sensación, casi imperceptible, de que todo está un poco más vivo. Es un mes que invita a parar, a mirar alrededor y a disfrutar de lo cotidiano con otra mirada.

Porque, al final, mayo no solo florece en los jardines. También lo hace, de alguna manera, en nosotros.

Redacción. El Grupo Espeleológico Ribereño (GER) de Aranda de Duero vuelve a abrir una ventana al fascinante mundo subterráneo con la convocatoria de la 49ª edición del Concurso Internacional de Fotografía Espeleológica, una cita ya consolidada que combina ciencia, arte y aventura.

Este certamen, que año tras año atrae a participantes de distintos rincones del mundo, tiene como objetivo poner en valor la espeleología, fomentar la creatividad fotográfica en este ámbito y acercar al público los secretos que se esconden bajo la superficie terrestre.

El plazo de participación permanecerá abierto hasta el 8 de junio de 2026, ofreciendo a fotógrafos aficionados y profesionales la oportunidad de capturar la magia de cuevas, simas y paisajes subterráneos. El jurado encargado de valorar las obras estará formado por Kasia Biernacka, espeleóloga y ganadora del Premio Espeleólogo de Barro 2025; Lucía Ibáñez Torres, fotógrafa profesional especializada en naturaleza; y Félix Villaverde, figura destacada en el ámbito de la espeleología a nivel nacional.

Las imágenes serán evaluadas tanto por su calidad técnica y artística como por la capacidad de transmitir emoción e inspiración. La fotografía ganadora recibirá el prestigioso Premio Espeleólogo de Barro, además de un primer premio dotado con 800 euros, seguido de un segundo premio de 400 euros y un tercero de 300 euros. Asimismo, se otorgarán dos menciones especiales de 100 euros cada una.

Un concurso abierto a todos

El certamen está abierto a cualquier persona interesada, con la única limitación de no poder participar los miembros de la organización, colaboradores o patrocinadores. Cada autor podrá presentar hasta cinco fotografías, siempre en formato digital (JPEG o TIFF), con una resolución mínima de 300 ppp.

La temática gira en torno a la espeleología y su entorno, permitiéndose libertad técnica en la edición de las imágenes -como HDR o panorámicas-, siempre que no se altere la realidad fotografiada.

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Por Redacción | 27 Abril, 2026 a las 10:07 - Escrito en Cultura, Es Noticia

Redacción. La Fundación Lola Pérez Rivera ha promovido una nueva investigación centrada en el trabajo de campo desarrollado en España a mediados del siglo XX por el reconocido etnomusicólogo norteamericano Alan Lomax. En esta ocasión, el estudio pone el foco en las grabaciones de música popular que recopiló en Galicia durante su estancia en 1952.

libro alanlomax1 Lomax en Galicia: nuevo estudio recupera 164 grabaciones históricas

El resultado de este trabajo se recoge en el libro “La Galicia que recorrió Alan Lomax”, una publicación que incluye la transcripción y el análisis musical de las canciones recogidas, así como una aproximación histórica y social al contexto en el que fueron registradas.

La investigación ha sido desarrollada por un equipo del Conservatorio Superior de Música de Castilla y León (COSCYL), coordinado por la profesora de Etnomusicología Julia Andrés Oliveira, quien ya lideró un estudio previo sobre el trabajo de Lomax en la provincia de León, publicado por la Fundación en abril de 2024.

El equipo ha analizado un centenar de tonadas grabadas por Lomax y su asistente Jeanette Bell en las provincias de A Coruña, Ourense y Pontevedra. Las sesiones de grabación se llevaron a cabo entre el 19 de noviembre y el 3 de diciembre de 1952 en doce localidades gallegas, dando lugar a un total de 164 documentos, entre registros sonoros y material fotográfico de gran valor patrimonial.

El estudio se apoya en la transcripción de estas grabaciones como herramienta fundamental para el análisis musical, permitiendo comprender cómo estas canciones formaban parte del imaginario colectivo y de la vida cotidiana, así como su evolución a lo largo del tiempo. La colección ha sido organizada atendiendo a criterios de uso, función y contenido textual, lo que facilita una visión completa del espacio sonoro en la Galicia rural de la época.

Editado en gallego y castellano, el libro se estructura en varios capítulos. El primero aborda el contexto de las grabaciones, destacando el papel de los informantes, las localidades visitadas y el material gráfico recogido durante el viaje. Un segundo capítulo analiza la lengua gallega presente en las grabaciones, donde se identifican formas léxicas y gramaticales hoy en desuso, así como la presencia de castellanismos, siguiendo en todo caso las normas actuales fijadas por la Real Academia Galega.

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