Redacción. El festival se celebrará del 25 al 27 de septiembre con música, baile, graffiti, pintura mural y actividades para jóvenes en la plaza Obispo Acosta.

Santa Catalina volverá a demostrar que el arte urbano también forma parte de la identidad de un barrio. El 09400 Urban Fest ya tiene cartel completo para su próxima edición, que se celebrará los días 25, 26 y 27 de septiembre en la plaza Obispo Acosta de Aranda de Duero, con una programación que combina música, baile y distintas disciplinas artísticas.

La Asociación de Comerciantes de Santa Catalina ha dado a conocer los últimos detalles de una cita que este año refuerza especialmente su apuesta por el arte urbano, una de las señas de identidad que el barrio ha ido construyendo en los últimos años.

Y es que durante tres días la plaza se convertirá en un espacio de creación en directo gracias a las exhibiciones de pintura mural, que contarán con la participación de siete artistas: Dan Bonsai, Darío Feges, Laura Merayo, Deih, Artes Prada, Ana Corazón y El Rojo.

Sus trabajos se desarrollarán a lo largo del festival, sumándose a los murales que ya forman parte del paisaje cotidiano de Santa Catalina y que han dado lugar a una particular ruta de arte urbano por el barrio.

Desde la Asociación de Comerciantes recuerdan que el festival nació precisamente en un barrio “con identidad, muy ligado al arte urbano”, y plantean esta nueva edición como una oportunidad para seguir acercando la cultura urbana a vecinos y visitantes. Una cultura que encuentra en las calles un espacio de expresión y que, en Santa Catalina, ha conseguido convertir paredes y rincones cotidianos en lugares con historia.

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Por Redacción | 1 Septiembre, 2026 a las 9:50 - Escrito en Cultura, Es Noticia

Redacción. Una antigua tonada leonesa, registrada por Alan Lomax en 1952, se convierte en el punto de partida para que compositores de todo el mundo creen nuevas obras. La gran final tendrá lugar el 7 de noviembre en Aranda de Duero.

Hay canciones que nacieron para ser cantadas y que, con el paso del tiempo, terminan encontrando nuevas formas de seguir viviendo. La música tradicional es también eso: memoria, identidad y un legado capaz de viajar de una generación a otra para convertirse, cada vez, en algo nuevo.

Con esa idea como punto de partida, la Fundación Lola Pérez Rivera ha convocado la III edición del Concurso de Composición “Música Tradicional para Nuevas Músicas”, una iniciativa que busca acercar la tradición a los creadores actuales y demostrar que una melodía popular puede ser, también hoy, el comienzo de una nueva historia musical.

En esta tercera edición, el reto parte de una tonada con una historia especialmente interesante: “A pasar el Trébole”. Los participantes deberán tomarla como inspiración para crear una composición original e inédita, pudiendo utilizar libremente su melodía, ritmo o texto y transformar su instrumentación según su propia visión artística.

Las posibilidades son tan amplias como la imaginación de cada compositor. Las obras podrán incorporar voz o prescindir de ella, recurrir a instrumentos tradicionales o contemporáneos e incluir elementos electrónicos y digitales. El objetivo no es reproducir la tradición, sino dialogar con ella y llevarla hacia nuevos territorios musicales.

Una canción que viajó desde 1952 hasta el presente

La elección de “A pasar el Trébole” no es casual. La tonada fue grabada en noviembre de 1952 por el prestigioso etnomusicólogo norteamericano Alan Lomax durante su trabajo de recopilación de música tradicional en España. En concreto, Lomax registró esta canción en la localidad leonesa de Castrillo de los Polvazares.

Más de siete décadas después, aquella grabación vuelve a cobrar vida desde una perspectiva completamente diferente: ya no como testimonio de una tradición musical, sino como materia prima para la creación contemporánea.

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Por Redacción | 11 Agosto, 2026 a las 20:50 - Escrito en Es Noticia

Redacción. De una pequeña aventura nacida en 1998 a uno de los grandes festivales musicales de España. Casi tres décadas después, Sonorama no solo llena escenarios: ha cambiado la relación de Aranda de Duero con la música, el turismo, la economía y consigo misma.

Hay ciudades que organizan festivales.

Hay festivales que llenan ciudades.

Y luego está Sonorama Ribera.

Porque durante cinco días de agosto Aranda de Duero deja de contar el tiempo de la misma manera. Las calles cambian de ritmo, las plazas se llenan de música, los hoteles cuelgan el cartel de completo, los bares multiplican su actividad y miles de personas llegan desde lugares muy distintos para vivir algo que, paradójicamente, solo puede ocurrir aquí.

Se puede explicar Sonorama con cifras. Más de 150 artistas y bandas, decenas de miles de asistentes, cientos de profesionales trabajando, millones de euros de impacto económico.

Pero las cifras no cuentan toda la historia.

Para entender Sonorama hay que caminar por Aranda durante esos días. Hay que cruzarse con alguien que ha venido desde Cádiz y está buscando la Plaza del Trigo. Hay que escuchar a un vecino hablar del ruido y, en la misma conversación, presumir del festival cuando alguien de fuera pregunta de dónde es. Hay que entrar en un bar y descubrir que una mesa está ocupada por clientes que ayer no estaban allí y probablemente mañana tampoco estarán.

Hay que ver cómo una plaza del casco histórico se convierte en escenario.

Y hay que esperar al lunes para comprobar qué queda cuando la música se apaga.

Porque quizá esa sea la verdadera historia de Sonorama: cómo un festival terminó convirtiéndose en parte de la memoria de una ciudad.

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