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Abril 24, 2020

La residencia de Vadocondes sigue libre de coronavirus

Escrito en: Es Noticia

Desinfectando hasta la última rendija del porche

Desinfectando hasta la última rendija del porche

Pedro Félix García. Ayer jueves, día 23 de abril, fiesta de la Comunidad de Castilla y León, miembros de nuestro ejército estuvieron desinfectando el exterior de la residencia para personas de la tercera edad ‘Las Eras’, situada en la localidad ribereña de Vadocondes.

Una sola raya significa negativo

Una sola raya significa negativo

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También las residencias de ancianos ribereñas a veces son fuente de buenas noticias; de muy buenas noticias. La de esta ocasión es la de que el coronavirus no ha conseguido penetrar en la residencia ‘Las Eras’ de Vadocondes. Merece la pena que se sepa.

Se trata de una residencia pequeñita -para menos de 40 personas-, de ambiente casi familiar y buena cocina, cosa esta última que no es frecuente de darse en este tipo de establecimientos. Está ubicada en el extremo este del casco urbano de Vadocondes; prácticamente ya en pleno campo.

Anticipándose a las normas oficiales que iban dictándose a medida que se extendía la pandemia, la dirección de esta residencia procuró prematuramente proteger a sus alojados extremando medidas de protección que, a veces, resultaban duras de acatar y hasta difíciles de comprender por parte de algunos afectados. Se prohibió el acceso de los nietecines a ver a sus abuelos. Fue obligatorio lavarse las manos nada más entrar para todo el mundo. Las visitas se redujeron al principio a una sola persona por residente y nunca en las zonas comunes y siempre durante muy cortos periodos de tiempo; además se consentía sólo una única visita por residente al día. Pero eso -con ser ya medidas muy duras de por sí- apenas estuvieron veinticuatro horas en vigor, porque al día siguiente ya quedó totalmente prohibida la entrada al recinto a toda persona ajena al mismo. Del mismo modo, los residentes que acostumbraban a dar paseos por los alrededores o a ir un ratito por las tardes al bar de la localidad, vieron cómo dejaron de permitírseles esas salidas. El personal fue dotado de mascarillas desde un primer momento, a la vez que se extremaron las medidas de higiene. Sólo el hecho de salir al porche un instante ya obligaba a tener que limpiarse las suelas de los zapatos en una solución de agua y lejía antes de volver a entrar. ¿Exagerado? El caso es que todas esas precauciones han demostrado ser eficaces aplicadas a tiempo; en este caso antes incluso de que casi todas ellas se hiciesen de obligado cumplimiento a nivel general.

Cañón generador de ozono

Cañón generador de ozono

Todo el personal de la residencia y todos sus huéspedes allí alojados han sido sometidos recientemente al test rápido de detección del coronavirus, y ello ha permitido comprobar a ciencia cierta que aquí no ha penetrado la temible pandemia que asola España.

A diferencia de los test llamados ‘PCR’ cuyos resultados tardan algún tiempo en saberse, los test rápidos no identifican el ‘ARN’ del virus. Emplean un sistema basado en la inmunocromatografía -parecido a los test de embarazo- que consiste en aplicar una gota de sangre del individuo a testar -o de su exudado nasofaríngeo-, sobre una tira de papel especial impregnado con las proteínas del coronavirus, de modo que delata los casos positivos si la muestra contenía anticuerpos, interpretándose en tal caso que esa persona había tenido ya contacto con el virus. Realizados siempre bajo la supervisión de un profesional sanitario, ayudan a evitar la saturación de los hospitales.

Como medida adicional a las precauciones que tan buen resultado están dando, una unidad de la UME con sede en Valladolid ha procedido a la desinfección del exterior del edificio de la residencia ‘Las Eras’ de Vadocondes (vallado incluido), labor que se ha llevado a cabo precisamente ayer, en el día de la fiesta de la Comunidad de Castilla y León, porque contra el virus -que no entiende de fiestas- cualquier día es bueno para hacerle frente. Los hombres de esta unidad, al mando del joven y amable teniente Barriopedro, compuesta por tres equipos (el de desinfección propiamente dicho, otro de seguridad -que en el caso de un pueblo pequeño como Vadocondes no hizo falta desplegar, y un tercero de apoyo logístico), también desinfectaron después otras zonas sensibles del casco urbano de la localidad acompañados por el concejal don Manuel Sancho.

Cabe decir también que en Vadocondes, los miembros de la UME no han necesitado desinfectar el interior de la residencia de mayores, pues de ese cometido -además de otras medidas- están ocupándose muy a fondo los propios responsables de la misma a base de aplicaciones continuas y diarias de chorros de ozono, para lo cual la residencia ‘Las Eras’ ha procedido recientemente a comprar un cañón de ozono de 20 gramos, que es mucha mayor capacidad de desinfección que otros más comunes de sólo unos cuantos microgramos.

El ozono es una forma alotrópica del oxígeno. Frente a los dos átomos que conforman la molécula de oxígeno común (O2), la de ozono la componen tres átomos de oxígeno (O3).

El teniente Barriopedro flanqueado por Iosune y Mari Carmen

El teniente Barriopedro flanqueado por Iosune y Mari Carmen

El ozono se obtiene cuando átomos de oxígeno común (O2) son excitados mediante una descarga eléctrica, que consigue que se separen. Esos átomos de oxígeno aislados tienden a buscar pareja para recuperar su estado natural (O2), chocan entre sí y algunos se ‘juntan’ temporalmente en número de tres, generando ozono (O3), una forma muy activa de oxígeno, de estado gaseoso a temperatura ambiente, bastante inestable, de color azul índigo y que pasa al estado líquido a -115ºC. El ozono es altamente oxidante, por lo que se comporta como un desinfectante muy eficaz, capaz de eliminar con facilidad microorganismos patógenos como virus, esporas, hongos, moho, bacterias…, etcétera. Al ser un gas inestable a temperatura ambiente, no deja residuos. Su vida es efímera, pues tiende a volver a transformarse rápidamente en oxígeno común (O2) en presencia de la luz y por efecto del calor. El ozono también tiene poder desodorante.

En la práctica resulta relativamente sencillo producir ozono, para lo cual existen unos aparatos, llamados ozonizadores o también cañones de ozono. Básicamente absorben aire y en su interior ese aire es obligado a atravesar entre dos electrodos, en los que se provoca una descarga eléctrica -‘efecto corona’- que consigue separar moléculas de oxígeno (O2) que, una vez sueltas, algunas de ellos se unen de tres en tres, formándose las así las nuevas moléculas de ozono (O3), ozono que es lanzado hacia el objeto u habitáculo que se desea desinfectar.

Coincidiendo con la expansión de la pandemia de coronavirus, estos aparatos -y no precisamente los de mayor calidad- están alcanzando fácilmente hoy en el mercado precios que superan los mil quinientos euros.

Además de su reconocida acción desodorizante, el ozono como microbicida y gracias a su gran poder oxidante, reacciona con encimas intracelulares, material nucleico y envoltura celular de virus invisibles al ojo humano, impidiendo que tales organismos muten y se reproduzcan. Su acción no genera residuos ya que, como hemos dicho, es inestable y tiende a volver a su estado natural, que es el del oxígeno común (O2) que forma parte del aire que respiramos.

El cañón de ozono que ha comprado la residencia para la tercera edad ‘Las Eras’ de Vadocondes, viene realizando diariamente una incesante y eficaz labor de desinfección de todo el interior del edificio; durante las noches actuando en las zonas de uso común y durante el día en las habitaciones, una por una, después de que éstas han sido desocupadas por sus moradores.



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